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martes, 27 de agosto de 2019

Cuidadoras perpetuas / Por mis ovarios, bohemias



Duérmete, mi niño, duérmete ya,
que viene el coco y te comerá.
Duérmete, mi niño, que tengo que hacer,
lavar tus pañales y ponerme a coser
una camisita que te vas a poner.


A pocos meses de haber iniciado el sexenio, la Secretaría de Bienestar Social del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador canceló el programa de Estancias Infantiles al asegurar que se incurría en desvíos de recursos, por lo que ya no se entregaría el dinero a las guarderías, sino directamente a sus padres o tutores, 1,500 pesos bimestrales, para que ellos decidieran si los niños regresaban a las estancias y pagaran el servicio con ese dinero, o a sugerencia del entonces secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, las abuelitas podrían hacerse cargo de cuidar a los niños, y así ellas directamente serían beneficiadas.
Si existían desvíos de recursos o malos manejos en los subsidios, el Gobierno debió realizar las investigaciones pertinentes para detener esta práctica, pero no fue así. Canceló de tajo el programa y afectó directamente, primero, a los niños al frenar su desarrollo en las estancias, después a los padres y madres que, vueltos locos, tuvieron que buscar de inmediato cómo resguardar a sus hijos mientras realizaban sus actividades cotidianas, y también a las trabajadoras de las guarderías, al dejarlas sin su fuente laboral; eso sí, realizó un “censo” para saber a quienes entregarían el dinero en la mano, sin establecer los lineamientos para evitar “otro” desvío de dinero. La Comisión Nacional de Derechos Humanos se pronunció al respecto: la desaparición de las estancias infantiles fue violatoria a los derechos de la infancia en México. López Obrador tachó de absurdo esto y se negó a acatar la recomendación de la CNDH.
Si dejamos por un momento estas acciones, también podemos observar el discurso del Gobierno de México: la crianza es cosa de mujeres. No sólo se trata de la declaración del exsecretario, sino de la percepción que se tiene, las familias resolverán la situación y serán beneficiadas a la larga. Sin embargo, no se consideró que el llevar y traer, dar de comer, bañar, dormir, limpiar el tiradero de todo esto, es una labor casi en su totalidad de “naturaleza” femenina. Nosotras somos la materia prima para que las familias “funcionen” porque no existe la promoción de las tareas y obligaciones domésticas compartidas entre padres y madres.
Las mujeres crecemos sin poder tomar las riendas de nuestros propios proyectos, que las más de las veces están acomodados a los horarios escolares de los hijos, o limitados a los trabajos en la casa, impulsado por ese mismo discurso de los institutos de las mujeres que promueven cursos estereotipados de corte y confección, cortes de cabello o repostería, o, por supuesto, padecer amorosas pero dobles y triples jornadas laborales fuera y dentro de casa.
Los Gobiernos nunca han querido ver lo que implican sus políticas públicas, como las asistenciales, que no combaten la pobreza, y en este caso en particular continúa con un proyecto neoliberal que no beneficia en la redistribución política y económica, y que oculta las experiencias cotidianas femeninas, lo que entorpece por completo nuestro potencial, la maternidad no debería ser excluyente de proyectos laborales, escolares y creativos de las mujeres, pero es muy difícil si estamos solas en esto, se reproduce el mandato de que si eres mamá, lo eres las 24 horas del día; más aún, continúa siendo muy complicado que los hombres comprendan y acepten que sus obligaciones no son exclusivas a la de proveedores, sino que también deben involucrarse en la crianza, no las abuelas, no las tías, ellos; todo esto sin considerar siquiera la situación de abandono de la mayoría de las mal nombradas “madres solteras”, cuando carecen de una red de apoyo.
Así es como se reproduce el estereotipo de que las mujeres somos las cuidadoras de todos, pero al final, ¿quién nos cuida a nosotras? El Gobierno, no. La familia, no. No sólo eso, también se promueve un ambiente y un discurso discriminatorio, ese de nosotras nos hacemos cargo, nosotras somos las responsables, solas o acompañadas, nosotras lo resolvemos. Lo tenemos que resolver. ¿Con quién pretendía reunirse López Obrador para combatir el huachicol? Con las mamás de los huachicoleros. Sin considerar que esto es totalmente insensato al tratarse de materia de seguridad nacional.
Ese Gobierno de México ha querido colgarse de la bandera del feminismo desde la campaña, mucho de esto a través de la figura de la secretaria de Gobierno, Olga Sánchez Cordero, que a lo largo de su carrera ha hablado de los derechos de las mujeres, ella, no López Obrador. Y sin embargo, ella es la que ha quedado relegada de sus tareas desde el inicio, invisibilizada. Y ya, a unos días de que López Obrador entregue su Primer Informe de Gobierno no hay acciones contundentes que garanticen la igualdad y la equidad para las mujeres. 
Si de verdad existiera una transformación, la 4T hablaría de condiciones de empleo, de educación y de salud compartidas entre mujeres y hombres para los hijos de ambos. Otorgaría permisos masculinos en el periodo del posparto, la lactancia, la enfermedad, la integración de tareas. Al menos en un inicio.
Porque traer un hijo al mundo es un proyecto biológico, pero no es exclusivo de las mujeres, que la mayor parte de las veces se encargan de personas ingratas, que son las cuidadoras perpetuas de todos sin que exista para ellas reciprocidad, ni protección emocional, económica y social. Llevar, traer, dar de comer, bañar, cuidar, proteger, atender a los hijos o nietos, cantarles canciones de cuna, sigue siendo visto como cosa de mujeres. Ni en el discurso estamos incluidas, menos en los hechos: recortes y cancelaciones a refugios para mujeres víctimas de violencia extrema, cancelación de apoyos a niños hijos de mujeres víctimas de feminicidios. 
Entonces, con este Gobierno de la Cuarta Transformación, ¿cuál va a ser la transformación para la vida de las mujeres en México?

@negramagallanes

martes, 20 de agosto de 2019

Decidir sobre el cuerpo: símbolo de Venus / Por mis ovarios, bohemias



El viernes en la noche mientras veía en Twitter los cantos, los gritos, los golpes, el rosa y el verde, los vidrios quebrados, el símbolo de Venus grafiteado en paredes y monumentos, el hartazgo, no sabía qué sentir ni qué pensar porque no podía creer que estuviera sucediendo. No era “ver arder el mundo” ni darme golpes de pecho por los destrozos. No podía reír ni festejar ni dolerme. Otra vez otra marcha. La misma exigencia. Nuevas violencias. Tan sencillo como que no estaba pensando con claridad. Observar la manifestación y los destrozos como los que hace cualquier hinchada de fut me parecía no sólo reduccionista sino violento también. 
“Sólo yo tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo”, me la pasé repitiendo la semana pasada como una loca, mientras preparaba el guion de un video. Sólo yo tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo, el principio básico de la exigencia femenina que hasta ahora no es una realidad para las mujeres, porque siempre habrá quién nos diga cómo ver las cosas y qué decidir, qué hacer, qué pensar, qué sentir. Siempre hay un censor que evalúe nuestras acciones y nos culpe y responsabilice por todo, hasta por nuestra muerte. Siempre habrá quién prefiera vernos como víctimas eternas antes que como personas conscientes de tomar una decisión, aunque sea equivocada, ¿que tampoco tengo el derecho a equivocarme, o qué?
Tan no podemos decidir sobre nuestro cuerpo, nuestra vida ni nuestras acciones, que por eso no podemos usar minifalda sin que nos llamen putas o golfas, o sin que señalen la celulitis o los pelos de nuestras piernas o axilas; o del otro lado: no podemos decidir usar ropa holgada o masculinizada sin que también sea motivo de crítica. Tan no podemos decidir, que no dejan de hablar de nuestra gordura o nuestra delgadez o nuestras tetas o culos operados, estriados, pequeños, grandes, obscenos, algo necesitan destacar de él. Tan no podemos, que el aborto está regulado sólo en caso de que nos violen o sea un riesgo. Tan no podemos, que es imposible pensar que una mujer decida ser trabajadora sexual. Incluso dentro del feminismo, las abolicionistas dirán que las que deciden esta labor están siendo manipuladas o coaccionadas por alguien detrás de ella, un padrote, una matrona, porque es más fácil victimizarlas a las pobrecitas putas, maltratadas por la vida y sus circunstancias, y confundir su derecho a decidir en libertad con el aberrante delito de Trata de Personas, que creer que una mujer tomó una decisión consciente, socializada, por los motivos que ella tuviera, el dinero, el gozo, el morbo, la facilidad. Mientras, esta desacreditación criminaliza el trabajo sexual, niega la sindicalización y la exigencia de los derechos sexuales, de salud, de vivienda, de jubilación, los derechos de todos, y obvio, no favorece la erradicación de este grave delito que también padecen niñas y niños, porque las autoridades se enfocan en criminalizar el trabajo sexual, en detener, consignar, refundir a las putas antes que al proxeneta. 
Porque ser puta no es sólo cosa de decidir el oficio, sino el señalamiento a todas las acciones tomadas en libertad, negada a las mujeres; no es cosa de pobres, como dicen, ¿una rica nunca decidiría ser puta por ella misma?, porque, ¿se trata de vender el cuerpo, de rentarlo, de darlo gratis, de ser obligadas, o de preservar la virtud y la dignidad femenina al reprimir nuestra sexualidad? 
[“Sólo yo tengo derecho a decidir sobre mi cuerpo”. Como si todos tuviéramos el chance de tener el trabajo que queremos, el que deseamos, el que nos desarrolle como personas y creadores, ¿quién no se vende en estos días? ¡Su vida peligra, renuncie! ha sido la solución para sobrevivir a la cotidianidad, al consumismo, al capitalismo, al estrés, la receta para el workaholic que espera su jubilación porque como no pudo organizar su vida ahora sí va a organizar su muerte. Quiero unos palos de golf. Quiero ser freelance aunque tarden medio año en pagarme y yo coma todos los días. Quién no está coaccionado para vender su cuerpo y su mente en estos días? Todos queremos salir del hoyo y de las deudas. Todos queremos una casita decente. Somos mercancía susceptible de compra y venta.]
Pero es más fácil juzgar a las mujeres. Putas si deciden, víctimas eternas porque no lo hacen, porque no pueden, antes que garantizarles el derecho a decidir.
Así que miles de mujeres decidieron manifestarse el viernes contra la violencia, contra toda la violencia sufrida a manos de los hombres, y de otras mujeres también, ¿por qué no decirlo?, contra la violencia, toda, la que vivimos a diario, proveniente de todos lados. Y muchas decidieron hacerlo de forma violenta. Vándalas. Nadie se lo esperaba así. Mexicanas al glitter de guerra, gritaron. Sin embargo, ¿cuál es el estatus simbólico que le damos a la manifestación del viernes? ¿Por qué decidieron no destacar el trasfondo? ¿Quién se va a atrever a decir que es gratuito el enojo? Porque la constante es desvirtuar y menospreciar los sentires, nuestros desasosiegos y miedos, nuestras muertes también. Si te enojas, estás en tus días, eres agresiva, no razonas, no sabes lo que haces. Si hablas, malo, si externas tu hartazgo diciendo lo que no te gusta, malo, yéndote de donde no te quieren, malo, siempre habrá un menosprecio a lo que sientes, como cuando lloras porque también estás en tus días, pobre víctima que sufre pero no hace nada para remediarlo porque no sabes decidir, porque nosotros no te podemos ofrecer nada, ni justicia ni paz, si pides, malo, si suplicas por tu vida, malo, por tu dignidad, malo, y si al final exiges con violencia, malo también. Si te asesinan, mucho peor, es tu culpa por andar en minifalda a la media noche en la calle. 
Así que mientras gasté e invertí muchas horas viendo Twitter y Facebook, yo seguía con la frasecita pegada en la cabeza como sonsonete de reguetón: “Sólo yo tengo el derecho a decidir sobre mi cuerpo”. Pero créetelo, porque muchas mujeres no lo hacen. Como con las trabajadoras sexuales. Hay una exigencia en la higienización del cuerpo, en la preservación de las virtudes femeninas al más puro estilo del Frente Nacional por la Familia. Cierra las piernas y no abras la boca. Enfermas, sucias, puercas, la estigmatización de las putas, aunque en todos lados nos llaman así únicamente por nuestro cuerpo, ¿a poco no han escuchado lo sucias que somos cuando nos baja? No seas cochina, no hables de eso, guárdate, que nadie sepa que estás en tus días. Higienización del cuerpo y limpieza urbana. Las putas no salen de la Zona de Tolerancia, ¿qué imagen van a dar si las ves en la calle? En esta ciudad tan modernizada, cómo vamos a permitir que la gente vea a esas mujeres, que las conozca, que sepan de ellas. Necesitamos una ciudad limpia. Sin basura en las calles. Sin grafitis en los puentes. Necesitamos mujeres decentes. No vamos a hablar de “sus problemas” porque ensucia nuestras inversiones, aleja el turismo, no tumba el negocio.
¿No cumplen con nuestras reglas? No hablemos de su hartazgo. Putas, revoltosas, sucias de cuerpo, sucias de mente, vienen a destruir de nueva cuenta la ciudad que ya está destruida por la violencia, con sus pintas de cifras de feminicidios, con su diamantina, con los números de carpetas de investigación, con los nombres de las desaparecidas, de las violadas, de las quemadas, vienen a ensuciar y romper todo con sus exigencias. Destaquemos su violencia antes que el origen de ésta. Criminalicemos su protesta como lo hacemos con las putas. Con las que deciden. Mejor detener a las putas que al proxeneta. Mejor despreciar la manifestación de las mujeres que combatir la impunidad. Ellas decidieron gritar y romper vidrios. Irracionales. Quién va a escuchar ese histerismo. 
Ya es lunes y yo todavía no pienso con claridad. Abrí Twitter y Facebook y volví a ver nuevos nombres y rostros de mujeres asesinadas, violadas, desaparecidas. 
“Sólo yo decido sobre mi cuerpo”, no dejo de repetirlo como mantra, como letanía, para que se me haga verdad. Todavía no puedo creer que no sea cierto. Que no sea una realidad para todas el decidir sobre su vida. No puedo creer que el símbolo de Venus grafiteado sea para muchos hoy sólo un símbolo de vandalismo antes que de exigencia a una vida libre de violencia, una vida para poder decidir sobre nosotras. También estoy harta.

@negramagallanes

domingo, 28 de julio de 2019

El gozo del texto: Adiós, Tomasa

A mi abuela Mina se la robó mi Papá Chicho cuando ella tenía 13 y él 24. Mi Mina le contaba a mi madre y a sus otros 11 hijos las penurias casi siempre hincada frente a la lumbre mientras echaba las tortillas para darles de comer. El de su rapto fue uno de los relatos que ella misma me contó, no a través de mi madre. Mi abuelo Chicho la vio en la calle, se le acercó y le dijo: prepárate, en la tarde iré por ti. No me pidió, me llevó con él. Y yo, taruga, no supe. Mi abuela pasó de ser una niña de casa a una mujer resignada a su destino en menos de una semana.
Esto lo recordé mientras leía Adiós, Tomasa, de Geney Beltrán, sus historias, aunque no son similares a la de mi Mina, tienen un punto en común: estados de emergencia que con toda naturalidad se reproducen en este país en lo cotidiano, entre nosotros: la violencia, el arrebato, la crueldad, el dolor y la muerte.

Con Adiós, Tomasa, el escritor Geney Beltrán entrega su tercera novela, a la par de destacarse como un potente cuentista y ensayista, sin dejar atrás su labor literaria como editor. Con esta novela, crea realidades compartidas que se desligan de ser únicamente estrategias narrativas, pues se articula de la mano del dolor y forma una conexión orgánica entre la mirada infantil y masculina de la violencia, en este México violento y misógino donde no es fantasía ni ficción. Adiós, Tomasa busca reflejar una realidad que nos circunda y que nos exige el diálogo, porque ¿cómo dejamos a un lado la relación de la escritura con los contextos en la que se produce?
En las entrañas del país, en las sierras, en las comunidades alejadas de las “suidades”, dicen algunos personajes en Adiós, Tomasa, existe una memoria colectiva que reconoce que lo escrito no está fuera de los linderos de la realidad. México vive una que ha atravesado sexenios, que viene de mucho más atrás de la guerra contra el narco de Calderón,  y que continúa presente hasta ahora con la incertidumbre en la formación de la militarizada Guardia Nacional, la confrontación contra los cárteles de la droga está en los medios, de manera grotesca o silenciosa, está en las fosas y en las morgues donde no caben los cuerpos, y en el sufrimientos de miles de familias. Pero también está la violencia íntima, la doméstica, la que penetra el cuerpo de las mujeres en su mente y corazón. La que embiste con saña las hendiduras. Esa que nos hunde en un sistema de dominación patriarcal. Los mecanismos de crueldad que se utilizan contra nosotras. El despecho, la dependencia, los celos, el odio, la falta de oportunidades y las ganas de correr sin que nadie nos detenga. Adiós, Tomasa lleva esos estados de emergencia en sus líneas, que nos atraviesan en el contacto directo unos con otros en la calle y en la cama.
La Tomasa es una niña que ha sido violentada desde muy pequeña. La Tomasa es contada por el Flavio a la par de la íntima historia familiar, una visión masculina que desafía a denunciar que la realidad es mucho más dura y compleja que sólo el olor dulzón de los tomates que la Tomasa asaba justo en el momento en que iban por ella, o el sopor que provoca el calor mientras se está atrás del mostrador de un abarrote, y que impide siquiera la respiración del Flavio mientras aquellos hombre se la llevan.
Geney Beltrán no hace de su texto una denuncia social, aunque se lo cuestione el escritor de la historia de la Tomasa, esa tarea forma parte de mi lectura, es mi imposición. La realidad me estalló en el rostro, pero eso no significa que la literatura tenga que llevar un mensaje o una idea, Geney presenta el estado de las cosas, transmite. Una tortilla hinchándose como sapo en el comal es el amor; el olor de la mierda, el miedo; el del sudor de los sobacos, la tierra; el alcohol en una boca y la mugre en las uñas, la perpetración.
En Adiós, Tomasa, Beltrán Félix permite al narrador utilizar la voz del Flavio para contar la historia, un escritor que está consciente que su escritura no cambiará la realidad de las mujeres ni abonará a un cambio en las estructuras sociales. Sin embargo, una tradición latinoamericana hace que al igual que numerosos escritores, vuelque en su literatura una narración de los hechos que a través de los personajes defina un sendero de denuncia. Bordes que impresionan al lector por lo vívido de la pérdida, de la destrucción, todo sostenido en la lengua, el léxico, el dialecto, los neologismos para explicar lo que no tiene nombre en la normalización de la violencia, el abuso que se extiende en cada casa, en cada cuerpo de mujer u hombre y que invisibiliza los daños y el sufrimiento.
Adiós, Tomasa le da cuerpo y sensaciones a los números de la violencia y el horror en este país, va de lo general a lo particular y viceversa, relata en las historias familiares la dominación masculina que define comunidades y pueblos, ya no importa si es o no literatura o realidad, necesita de nuestros ojos el vislumbre de la justicia.
Geney Beltrán no se detiene a juzgar la moral ni los actos de sus personajes. No adopta la visión de estos nuevos tiempos en los que valiera más una dosis de corrección a la verosimilitud de la historia. Nos entrega una convergencia en donde a la realidad no le falta nada ni a la ficción le sobra. Hay que vivir en este lugar para aceptar que así son las cosas, pero que por eso mismo no hay que no permitirlas.
Lo que sí es que nos impone un ritmo y los códigos necesarios para darnos cuenta cómo El Negocio y el Patriarcado nos rodean, con todo el poder, los billetes verdes y las mujeres; cómo todavía los hombres no lloran ni ante el cadáver de su padre y se deben de alinear a los estereotipos, y aquí ya nada tiene que ver con lo fantástico.
Eso es Adiós, Tomasa, más que su estructura narrativa, más que el contenido violento en medio del letargo o de lo frenético.
La lectura de esta novela me impuso el desasosiego, me invadió de sensaciones y me trajo el recuerdo de mi Mina, esta niña de “suidad”, privilegiada, que pensó en sus historias al sumergirse en el texto.
Una mañana, mi abuela tenía hambre y sus niños también. Se los llevó al cerro agarrados en fila de la mano y con la otra cargó una cubeta, un cuchillo y la determinación de brincarse una barda y robarse unas tunas jugosas que saciarán el hambre. Al ser descubiertos, corrieron todos con los más pequeños en brazos a esconderse del castigo. Ahora la familia lo cuenta entre risas.
Adiós, Tomasa, y su desarrollo me dispuso a la realidad, su reminiscencia y sus difíciles sensaciones. Ese fue el gozo del texto. 



Texto leído durante la presentación de Adiós, Tomasa, novela de Geney Beltrán, en el patio central del Ciela Fraguas

@negramagallanes

jueves, 18 de julio de 2019

Spotlight en Aguascalientes

Entrevista con Javier González, oficial nacional de Gobernanza Efectiva y Democracia del Programa de Naciones para el Desarrollo

El 30 de mayo del 2019, el Gobierno de México, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE) presentaron la Iniciativa Spotlight, enfocada a prevenir y erradicar el feminicidio en el país, con una duración de cuatro años y que será implementada por seis Agencias de la ONU en los municipios de Chihuahua, Ciudad Juárez, Chilpancingo, Ecatepec y Naucalpan. La iniciativa destaca que los medios de comunicación tienen una labor primordial en el cambio de normas sociales, formas de pensamiento y conductas para prevenir la violencia, particularmente en el ámbito de la comunidad, por lo que, al pertenecer este tema a su agenda periodística, La Jornada Aguascalientes ha asumido la responsabilidad de compartir con la sociedad, pero especialmente con los gobiernos municipales y estatal, la iniciativa privada, la academia, así como con los demás medios de comunicación, una entrevista con Javier González, jefe de la Unidad de Gobernanza Efectiva y Democracia del Programa de Naciones para el Desarrollo en México, que participa directamente en la fase preparatoria de la propuesta, y aunque este programa no se implemente en el estado, abonar en la prevención, atención y protección de la vida de las mujeres en Aguascalientes. 

La Jornada Aguascalientes: Unos de los pilares de Spotlight es la promoción de leyes y políticas públicas en el combate a la violencia de género, sin embargo, en México existen ya múltiples de éstas que no han dado resultados, ¿cómo será el trabajo para que estas leyes se ejecuten?
Javier González: Afortunadamente el marco jurídico ha avanzado en México, sin embargo, sí podemos decir que hay un reto frente al marco normativo, es necesario garantizar en los estados la estandarización del tipo penal de feminicidio en todos los códigos penales, que se identifique y conceptualice debidamente en todo el país; hay que respaldar la estandarización de las leyes estatales relacionadas con el combate a la violencia contra niñas y mujeres, así como atender la persistencia de cláusulas de artículos discriminatorios, todavía tenemos muchas leyes en las que hay que hacer una revisión exhaustiva para los ajustes correspondientes.
En relación con lo que hace falta hacer para que las leyes actuales se implementen, uno de los pilares centrales de Spotlight, en el Plan de Trabajo, el número dos, tiene que ver con el fortalecimiento de las instituciones responsables de prevenir, sancionar y eliminar la violencia contra las mujeres y niñas, en especial el feminicidio, pues ellas tienen un papel fundamental en términos de poner en marcha estrategias para fortalecer capacidades de los servidores públicos que son responsables, de la atención, de la investigación, del trato con las víctimas, una serie de mecanismos instituciones que son necesarias fortalecer con una perspectiva de derechos humanos y un enfoque de género, esas son áreas fundamentales de trabajo, avanzar con las autoridades para que realmente puedan entender el marco jurídico y aplicarlo.
LJA: En el contexto mexicano, las decisiones del Gobierno Federal en materia de seguridad, la estrategia fallida de la militarización de las calles, por ejemplo, han repercutido directamente en la integridad de las mujeres, ¿qué plantea Spotlight ante este tipo de violencia que ya se refleja en un aumento alarmante de asesinatos de mujeres?
JG: Nosotros entendemos que el fenómeno del feminicidio es multicausal, la violencia de género que existe en el país no tiene que ver necesariamente con una causa en particular, sino que tiene que ver incluso con aspectos de normas sociales, de formas de pensamiento, institucional, de las leyes, de los servicios esenciales para atender a las personas que son víctimas de violencia, legales, judiciales, que no tienen suficiente calidad y atenderlo, así como también si hay participación de los grupos organizados de la sociedad civil, grupos de mujeres que promueven sus derechos, hay muchos aspectos. También hay una situación preocupante con los datos que contamos para poder tomar decisiones informadas de políticas públicas, la insuficiencia y la falta de calidad en la recolección de datos, que es necesario mejorar para tener estrategias para monitorear.
LJA: ¿Habrá algún tipo de recomendación a instancias o a gobiernos?
JG: Vamos a empezar la etapa de difusión, por supuesto que se debe trabajar de la mano con los municipios, los estados, la propia Federación, hay ya una serie de acciones a plantear con estas órdenes de autoridad, empezando por un diagnóstico, una propuesta para cambiar el marco regulatorio, una revisión de la Ley General de Responsabilidades Administrativas y sus leyes estatales, porque estamos buscando mecanismos que refuercen la transparencia y la rendición de cuentas. También quisiéramos mejorar las áreas de gestión y administración estadística, por ejemplo en salud y justicia en relación con la violencia hacia las mujeres; también propondremos un modelo de trabajo alternativo con hombres agresores, que eso es un tema muy importante, trabajos con periodistas, con los medios, tendrán una labor importante en términos de amplificar la importancia del fenómeno en México pero con perspectiva de género, la eliminación de estereotipos y roles de género,
Es muy importante desarrollar estrategias que permitan que los sistemas de información realmente generen y hagan uso de esta información, hay estándares internacionales y lo que recomendaremos a las autoridades es que se apeguen a esos estándares para generar información confiable, sobre todo pensando en identificar a las víctimas, a los servicios, a los sistemas de gestión que nos permitan hacerle frente al fenómeno.
LJA: ¿Cuál será la metodología para incitar a la participación de la Iniciativa Privada?
JG: La Iniciativa Privada es fundamental no sólo por el potencial que tiene de aportar recursos o destinar esfuerzos de responsabilidad social hacia acciones directas para prevenir, sancionar la violencia, sino también porque puede hacer actividades en el ámbito de su propio trabajo cotidiano, es decir, en sus centros de trabajo tienen también la posibilidad de realizar una comunicación más amplia respecto a este problema, de trabajar con sus empleados y empleadas, primero cuando se tiene un problema de frente, identificarlo con toda claridad y después reaccionar conforme al tema, solicitar y denunciar ante las instancias correspondientes cuando sea necesario, pueden contribuir a este cambio de mentalidades que nos hagan avanzar como sociedad, hacia un estado libre, los centros de trabajos, el sector privado, las cámaras, los colegios de profesionistas son indispensables para esparcir este mensaje,  pero también para los cambios internos de actitud y prevención contra a violencia de género.
LJA: El sexto pilar de Spotlight plantea promover el empoderamiento de mujeres y la sociedad civil organizada a través del apoyo de movimientos, ¿cuáles son las estrategias para lograrlo?
JG: Hay varias acciones en este pilar, una de ellas es robustecer las capacidades de las organizaciones civiles locales, ellas necesitan ser mucho más estratégicas en cuanto a diagnósticos, monitoreo, la evaluación de la violencia, pero también podemos capacitarlas en cuanto al litigio estratégico acercarles experiencias y mejores prácticas de otros países y de otras organizaciones y que puedan consolidar este rol de observación para que contribuyan a que las autoridades rindan cuentas. Un segundo tema es que podamos fortalecer los esfuerzos de las y los defensores de los derechos humanos y de los periodistas, pues precisamente esa sería una de sus funciones, defender los derechos humanos de las mujeres, implementar una capacidad de involucramiento de los movimientos de mujeres y niñas más amplio, sobre todo los mecanismos de derechos humanos internacionales, son fundamentales para poder mantener en lo más alto de la agenda de la atención a este problema con en todo el mundo, pero especialmente en América Latina y México.
LJA: La iniciativa plantea abarcar desde la prevención hasta la impunidad, ¿cómo se le dará seguimiento a la actuación de los primeros respondientes en el ámbito municipal, estatal que han sido omisos?
JG: Nosotros pretendemos abordar todas las etapas desde el proceso de política pública, cómo se implementan las intervenciones, cómo se monitorean, cómo se evalúan. Vamos a trabajar con policías, ministerios, médicos, enfermeras, quienes atienden en una primera instancia a la víctima de violencia, ahí también hay un trabajo no sólo de sensibilización sino de fortalecimiento en derechos humanos, del tratamiento efectivo, cómo canalizar para las siguientes etapas; la iniciativa busca acciones contra la impunidad que tanto ha lastimado al país, vamos a ofrecer capacitaciones pero enfocado en lo que no ha funcionado hasta ahora, sí ha habido esfuerzos pero no nos han satisfecho como país, entonces estamos generando contenido para los diferentes actores, no es lo mismo un policía que un agente del ministerio público, se necesita diferenciar los contenidos de acción con características muy específicas; también eso de modificar conductas sociales, eso debe hacerse al interior de las instituciones, hablamos de las familias, de los centros de trabajo en la Iniciativa Privada, pero los y las servidoras públicas son las que tienen que internalizar los contenidos, cambiar sus formas de pensamiento y motivar el cambio conceptual que nos dé resultados efectivos a mediano plazo.
LJA: La iniciativa cuenta con un presupuesto de siete millones de euros, ¿ya saben cómo se distribuirá el dinero, de qué forma se realizará?
JG: Este es un proyecto directo de las Naciones Unidas, no se hará una transferencia de recursos ni a los gobiernos ni a las organizaciones, las agencias de las Naciones Unidas se encargarán de establecerlo, así como del diagnóstico, son seis agencias, la oficina de  ONU Mujeres; el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; el Fondo de Población de las Naciones Unidas; la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito; la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia también serán responsables de la administración financiera, el diagnóstico inicial se retomó de la estadística con la que cuenta el país. 
Este es un proyecto a cuatro años, desde luego que se llevará desde el marco de monitoreo y evaluación que nos permita ver en tiempo real cómo va la implementación de proyecto, habrá una evaluación de medio término.


@negramagallanes