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domingo, 3 de mayo de 2020

SOLAS









¿Y el novio? Una de las frases favoritas de todas las tías del mundo, así que cuando las mías comenzaron con su retahíla de preguntas poco delicadas no pude más que reírme. Pero hija, tan bonita y tan sola, búscate un compañero. Mi madre, en sincronía unos días antes me dijo con su sazón lo mismo, pues ya consíguete un novio, ¿no? con esos modos te vas a quedar sola.
La soltería es para muchos la representación de la soledad. El soltero se enfrenta al escrutinio de tías, madres, sociedad, que ve en esta “condición”, forzada o consciente, una desgracia de enormes proporciones, que si bien ha sido explotada desde la risa hasta el llanto, desde quien la goza hasta el que la sufre, me tuvo sentada en el sillón, sola, dedicándole unos cuantos pensamientos.

En su más estricta significación, soltero viene del latín solitarius, solitario o aislado, mientras que la soledad, en una de sus acepciones es concebida como un estado de aislamiento, una respuesta acaso a la ausencia de una relación familiar, amorosa o comunitaria, un escapar de la catástrofe del mundo. También se le liga a un desequilibrio en la interacción con los otros. Animales de convivencia, desde muy pronto el humano primitivo se adaptó a un esquema universal que perpetuaría hasta ahora, aprendimos a cohesionarnos y a estar en contacto, al jaleo de la fiesta, cada quien con sus roles y papeles que beneficiarían a la estructura que las tribus necesitaban, por lo que visto con fines prácticos, el aislamiento ofrecía pocas oportunidades de supervivencia y de diversión, en manada, equilibrados, era mejor luchar contra las bestias, protegerse del frío y, por supuesto, reproducirse.


Ser solos acarrea estigmas muy bien cimentados, tanto para hombres y mujeres, raros, apáticos, locos, sociópatas, incapacitados para el amor y la convivencia, y sin embargo, todas estas insignias cuelgan voluptuosamente en nosotras, pues si las mujeres aún no somos en la totalidad dueñas de nuestros cuerpos, menos de nuestras soledades. Nosotras hemos sido construidas y colocadas en un rol social que todavía nos confiere un grado de sumisión y dependencia; después de milenios de participar en estas manadas como madres, hijas, compañeras, integrantes de las tribus, poquísimas veces líderes, la soledad y el aislamiento siguen sin ser propios de nosotras, ni física ni espiritual. De los hombres sí. Ellos gozaban el cielo en el descanso después de la siembra. Solos, pintaron cavernas y se desprendieron de los grupos de caza para caminar largo rato junto a los ríos y encontrarse a sí mismos. Descubrieron que huir del fragor también produce placer y se taponaron los oídos para evitar el canto de numerosas sirenas que se interponían entre ellos y su pensamiento. Necesitaron estar solos para descubrir e inventar.

Aún entrado el siglo XXI, después de la liberación femenina y durante la cuarta ola del feminismo, no se observa igual al soltero empedernido que ninguna logró amarrar, que a la vieja solterona a la nadie le tiró el lazo. El ideal de una convivencia igualitaria, libre, autosuficiente en lo económico y en lo social, sin dependencias de ningún tipo, se viene abajo cuando una mujer ejerce su derecho a la libertad. Por ejemplo si una decide emprender un viaje sola. Hemos sido testigos de los juicios contra las viajeras solitarias que terminan siendo culpables, bajo el ojo colectivo, de su asesinato, responsables de las vejaciones que sufrieron por no ir acompañadas en su odisea por un varón (aunque dos o tres mujeres siguen estando solas, dicen), son las que propiciaron las agresiones al asumir un alto riesgo con esta decisión, por contravenir a la seguridad que ofrece la compañía masculina. Todavía no son señalados así, con rigor justiciero, los perpetradores de nuestros cuerpos. Nuestro andar solitario o una minifalda, nuestra libertad, son las culpables.

También está aquello de no sales de esta casa sola a menos que sea casada; una mujer soltera pertenece a su familia antes que a ella misma, para después pasar a manos del marido. A las que viven en autodestierro el juicio llega en infinidad de maneras, locas, promiscuas, histéricas, inaguantables, abandonadas o abandonadoras, sin familia. Parece que estar solas está estipulado socialmente como un castigo u otrora libertinaje, no una decisión. Un prestigio oculto corre entre las venas de las mujeres domesticadas y leales, de su casa, mientras que las solas en muchas ocasiones no valen nada. Ahí colocamos a las brujas, en los campos y bosques, enfermas de civilización, solas o juntas en reunión demoniaca, sin miedo, apartadas, fabricando mil artilugios para hacer el mal a la comunidad a la que no pertenecen, de la que son expulsadas.


O como cuando para sacudirnos a un galán incómodo es más efectivo decir que tenemos novio, la presencia invisible de un hombre lo ahuyentará más fácil antes que el rotundo y sonoro no quiero. Incluso hasta tomar una cerveza en un bar, motivadas por la mera distracción en solitario, nos coloca ante los ojos de los parroquianos como unas busconas de compañía, ¿por qué tan solita?, un placer tan vulgar que gozan sin peros aquellos que se colocan en la barra de la cantina a subyugarse con el alcohol hasta la pérdida de la conciencia. Solos.

Así que la soledad ya no está en únicamente no tener pareja. Pertenecer al otro, a los otros, antes que a nosotras mismas, rige todavía en este mundo de sublevaciones feministas, en las que el estandarte de la independencia femenina crece cada día entre nosotras, sin que se adhiera en el colectivo.

Porque también está la soledad anímica que pesa. Aún solas rememoramos al otro antes de enfocarnos en nosotras mismas. Extrañamos a los demás y su querencia, y vacilamos con desagrado en la ausencia. Queremos el jaleo de la fiesta. Prendemos la tele o la radio sin ver ni escuchar, tal vez para sentirnos acompañadas. La exigencia de atender a alguien, esa en la que fuimos educadas con nenucos y muñecas, circunda constantemente entre nosotras, cuidar a los hijos, a los padres, al marido. La ideación de ser madres únicamente para no morir solas persiste; el casarse con el último de los trenes, también. Complacientes con tal de evitar el abandono, aceptamos desprecios de muchas maneras.


Negar la tradición de vivir en comunidad bajo un discurso moral, religioso muchas veces, es visto como una ruptura que castiga nuestro ánimo con juicios sumarios, que nos lapida bajo el supuesto de la pertenencia a los otros, del compromiso servicial, de huir de la soledad a toda costa. Cuánto no hemos leído del mandato de la masculinidad que agrede a las feministas, ellas, mujeres solas y sin pareja a las que les urge una polla que les enderece el camino, que les quite la frustración, la histeria, el rencor hacia el mundo, sin que importe la intromisión que han hecho en nuestros cuerpos y nuestras mentes, sin que importe la constante lucha por nuestros derechos, negándonos la complejidad del autoconocimiento a través de la soledad, la autonomía que nos llevaría a hacer una “revolución intelectual” y con ella el desarrollo de un pensamiento crítico.

Perdóneme si he incurrido en generalizaciones, cada uno de nosotros vive la soledad a su manera, subjetiva e íntima, y en lo grueso no es del gusto de nadie. En la dicotomía entre lo público y lo privado, la soledad no es un asunto del que nos hayamos apropiado. Solos, los que son descubiertos por el olor putrefacto de sus cuerpos. Solos, los vagabundos. Sobre la soledad y el aislamiento pesa el valor del asceta y el estigma del suicidio. Incluso está aquello de sentirse más solo rodeado de personas.


Con todo esto, en una esfera simbólica, la soledad cultural no reserva un sitio disponible para nosotras. Continuarán las tías y las madres y la sociedad preguntando por el novio y nosotras seguiremos hablando de la emancipación de nuestros cuerpos y nuestras mentes. Que no se nos olvide también nuestro derecho de andar solas por el mundo, si así lo decidimos, de disfrutar las proezas insulsas de transitar sin compañía, sin que nadie nos lo cobre con fatalidades.

Tal vez así un día mi madre, mis tías, la gente, dejará de interrogarme por el novio para preguntarme por mi felicidad.




@negramagallanes

jueves, 15 de agosto de 2019

DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO EN AGUASCALIENTES, QUE CONTINÚE LA DISCUSIÓN






+El Estado debe abstenerse de establecer políticas que obstaculicen el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva
+Criminalizar el aborto daña gravemente la salud y los derechos humanos de la mujer al estigmatizar un procedimiento médico seguro y necesario
+Anteponiendo los derechos humanos y las vida libre de violencia de las mujeres, los congresos locales deben despenalizar el aborto voluntario



Hace unas semanas, las bancadas del PES, del Verde, del PAN y del PRI presentaron en total opacidad a la Oficialía de Partes del Congreso de Aguascalientes otra iniciativa de reforma para modificar el artículo 2 de la Constitución local con la inclusión de la oración “derecho a la vida desde la fecundación”. Lo que seguía era lograr el consenso de los demás diputados, subirla a pleno y votarla a favor con una mayoría calificada, 18 diputados como mínimo. Pero nada de esto pasó. Aunque no es la primera vez ni será la última que lo intenten.

LA INICIATIVA

Este nuevo documento inicia con un discurso sobre “el derecho a la vida”, pues establece que la mortal ola de violencia que padece el país, asesinatos de hombres, mujeres y niños, es precisamente por la falta de respeto a la vida que se observa en la indolencia de la sociedad y los gobiernos. Así, resalta que el Estado debe “entablar una conducta que dé lugar a la privación arbitraria de la vida, daño deliberado por acto u omisión”; también destaca que se ha instalado de forma progresiva una cultura de la “invisibilidad de la persona en cualquiera de sus etapas”, para después olvidar todos estos puntos, darle un giro y enfocarse en el “análisis científico”, sesgado e intencional de “la vida desde la concepción”.

Con todo el aparato y recursos de los que dispone el Congreso, incluyendo un Instituto de Investigaciones Legislativas, los 19 diputados -dos más de los que presentaron la iniciativa anterior en diciembre del 2018, 17- que participan en el “Proyecto de Decreto” para reconocer “la vida desde la concepción”, justificaron sus motivos en investigaciones e indagaciones de hace 50, 40, 30, 20 años, en notas periodísticas y artículos de opinión, lecturas a modo que benefician este discurso “provida” conservador. Más insultante y añejo aún: En este documento, los diputados firmantes citaron a William Harvey, un biólogo nacido en ¡1578!, de un texto que pomposamente a pie de página referencian al fragmento extraído del libro The evolution of man, de Ernst Haeckel, publicado en 1876.

La investigación sesgada es obvia cuando en sus consultas y referencias pudieron incluir otras notas informativas actuales, de este mismo año, como “El científico de la UNAM, Antonio Lazcano, explicó que las razones por las que un embrión no es considerado como una persona”, pues “A decir del biólogo desde la existencia de un óvulo y un espermatozoide hay vida, pues ‘están vivos como un cigoto’, pero la actividad nerviosa y la diferenciación celular que crea el sistema nervioso central de un embrión, no empiezan sino hasta la doceava semana de gestación: ‘Antes no se puede decir que se trate de una persona o individuo en potencia, sino de una masa de células vivas que no son una persona, no tienen derechos sociales.’”


LA CRIMINALIZACIÓN A LAS MUJERES NO SÓLO ES JURÍDICA

Aunque esta reforma constitucional no implica la modificación al Código Penal local, que establece sanciones por Aborto a la mujer o persona que lo realice, la “iniciativa” favorece por completo un discurso y análisis retrógrada e ignorante para impedir la garantía a los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres, por decir lo menos, que ha sido impulsado por grupos conservadores no únicamente en Aguascalientes, sino en todo el país, con el objetivo de incluir “proteger la vida desde la concepción” o el “derecho a la vida desde la fecundación” en el artículo 2, además que negarse a retomar el tema de las ampliaciones de las causales del aborto o su despenalización para procurar el aborto legal y seguro. Incluir esta “definición” en el artículo 2 atenta directamente contra la libertad de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, lo que las violenta y las criminaliza de múltiples formas, más allá de lo jurídico.

Retomo el tema, unas semanas después, porque es obvio que estos diputados promoventes no desistirán de su propósito hasta que tengan seguros los votos necesarios para que la iniciativa se transforme en reforma, por lo que es necesario continuar con la discusión. Apenas hace unos días, un grupo de mujeres rezaba frente al Congreso para que la misericordia de dios no permita que se apruebe, repetían, la matanza de bebés. Nos urge el debate con todo y su discusión, la información, los datos científicos y la difusión de que esto no es un tema moral, sino de derechos humanos.

LOS DIPUTADOS CONTRA LOS DERECHOS HUMANOS
Porque los diputados no soltarán el tema hasta cumplir con su propósito. Uno de los firmantes de la iniciativa, el coordinador de la bancada panista, Guillermo Alaniz de León, amenazó con que será hasta el próximo periodo ordinario o en un extraordinario cuando estará lista la nueva propuesta para su discusión y posible aprobación, con el dictamen de las comisiones unidas de la Familia, Derechos Humanos y Puntos Constitucionales para llevarla al pleno: “Lo hemos comentado, es una iniciativa que ha presentado el PAN y que han suscrito algunos otros diputados, la idea es que tenga una muy buena mayoría para poderla presentar. Ya se presentó al Pleno en Asuntos en Cartera y pasará a comisiones como cualquier otra iniciativa, en el entendido que no se presentará si no se tiene una mayoría (…) de entrada tenemos 19 firmas, lo que nos permite de alguna manera con eso poderla presentar pero no queremos que esto suceda, queremos todavía que sea platicada y consensuada con los 27 diputados y si hay la oportunidad de presentarla, la presentaremos y si no estaremos a expensas de ello”.

La iniciativa fue expuesta por los medios de comunicación ante de que se subiera al pleno, lo que reveló la falta de transparencia, máxima publicidad y parlamento abierto con que debería actuar el Congreso del Estado al actuar “en lo oscurito”, por lo que la diputada por el PRI, Elsa Amabel Landín Olivares, al verse descubierta su firma en el documento y preocupada por quedar bien con dios y con el diablo, aseguró que su partido se retiraría de promover la iniciativa si no se cumplían las condicionantes necesarias para no criminalizar a las mujeres.
Según ella, el texto no repercute en este acto, la criminalización, pues la mujer que aborte puede pagar “su delito” (las comillas son mías) con una pena de trabajo comunitario o “de otra índole” y se otorgarían garantías para procurar “la vida” en Aguascalientes. Dos pájaros de un tiro, tal vez pensó.
Lo que no consideró la diputada priista es que en este país no sólo se criminaliza a las mujeres con la prisión, sino con el escarnio público o familiar; tampoco destacó cuál es el beneficio para la mujer ante este tipo de sanciones: expiar el pecado, cumplir su condena, reinsertarse en la sociedad. Su limitada perspectiva de género y de derechos humanos no le permitió analizar el contexto en el que las mujeres nos desarrollamos precisamente porque el Estado detiene nuestro libre ejercicio de decisión. Al parecer, la diputada Landín Olivares desistió de su apoyo a la iniciativa después de que saliera a edulcorar las razones de su firma en esta iniciativa, que sirve totalmente para que las mujeres denunciadas por aborto sean sometidas a procesos penales largos y revictimizantes, con múltiples repercusiones sociales y económicas.

No consideró, igual que sus compañeros diputados, el estigma que el aborto aún tiene en la sociedad y que llevan consigo, en el ejercicio de sus funciones, policías, médicos, ministerios públicos y jueces, aquellos que atienden a víctimas de violación o a mujeres que sufren abortos espontáneos y que inmediatamente son tratadas como criminales, estos prestadores de servicios que niegan u obstaculizan la atención precisamente por estos estigmas, reforzados por las instituciones ante las omisiones o desatenciones, lo que repercute directamente en sus obligaciones.


EL DISCURSO ES CONTRA LAS MUJERES
Mientras en el Congreso de Aguascalientes sigan priorizando el discurso del aborto como un atentado contra la vida, como un acto que realizan las mujeres por carecer de educación sexual o por pobres, mientras se siga considerando un delito y no un servicio de salud, el Estado continuará enviando un mensaje que incide en las creencias y prejuicios de la sociedad entera, pero sobre todo, recalco, en estos funcionarios públicos que ejercer todo su poder en contra de las mujeres cuando sospechan que se han provocado un aborto.

Y la deuda con las mujeres de parte de las autoridades continúa. En el informe Maternidad o castigo. 

La criminalización del aborto en México, que publicó en 2018 GIRE, se destaca que es una obligación del Estado mexicano el reconocer las normas sociales y estructuras de poder que impiden el ejercicio del derecho a la salud reproductiva en igualdad de condiciones, como los papeles asignados a cada género con medidas que deben abordar y eliminar los estereotipos discriminatorios, las presunciones y las normas en relación con la sexualidad y la reproducción que subyacen en este tipo de leyes restrictivas, así como los estereotipos vinculados con la maternidad que permean el sistema penal y se materializan, entre otras cosas, en la criminalización del aborto, que castiga a las mujeres que desafían las normas establecidas con respecto a su reproducción.
Y sí, la garantía de la salud reproductiva implica que las mujeres tengamos acceso a otros derechos, como la educación, el acceso a información de métodos anticonceptivos y a éstos, lo que repercute en la eliminación de la discriminación dentro de la familia, donde sucede un alto índice de violencia doméstica y sexual y, en general, todas las formas de violencia hacia las mujeres.


EL CASTIGO DE SER MADRE
De cualquier manera, la prohibición y criminalización del aborto no impide que las mujeres interrumpan su embarazo, pero prohibir que las mujeres tomen decisiones de forma autónoma, penalizarlas o impedirles que accedan a servicios de salud garantizados en la ley -como la NOM 046 para niñas mayores de 12 años víctimas de violación- son actos intrínsecamente discriminatorios.

GIRE señala que criminalizar el aborto, cito: “[…] daña gravemente la salud y los derechos humanos de la mujer al estigmatizar un procedimiento médico seguro y necesario. En los países donde el aborto provocado está restringido por la ley o no está disponible, la interrupción segura del embarazo es un privilegio de los ricos; las mujeres con recursos limitados no tienen más remedio que acudir a proveedores y prácticas de riesgo. Esto se traduce en una grave discriminación contra las mujeres económicamente desfavorecidas […]”, por lo que negar el acceso a abortos seguros obliga a las mujeres a ser madres o a buscar formas de interrumpir el embarazo que pueden poner su salud y su libertad personal en peligro.

Cuántos casos hemos conocido en donde las mujeres llegan a pedir atención médica por complicaciones obstétricas, abortos espontáneos, y el personal de salud la juzga, castiga y denuncia sin haberle otorgado los servicios de forma pertinente y sin respetar la presunción de inocencia, como señala GIRE, en casos de países donde las leyes contra el aborto permite que las mujeres sean encarceladas por haber sufrido un aborto espontáneo, pero en México, la falta de legislación, los prejuicios y la criminalización del aborto sí han llevado a someter a cientos de mujeres que llegan a hospitales con abortos en proceso y que son sujetas a tratos discriminatorios, aunque no enfrenten al final una sanción penal.


DE FONDO, ES ERRADICAR DISCRIMINACIONES ESTRUCTURALES

La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Cedaw) establece que el Estado tiene la obligación de otorgar medidas que eliminen lo que repiten constantemente los diputados, pero sin trabajar en ello, las violencias hacia las mujeres, a través de las discriminaciones estructurales, así como la obligación de proporcionar resultados. Que no se ofrezca la igualdad en la salud reproductiva propicia y fomenta que “los factores sociales y culturales que alimentan y perpetúan el estereotipo de las mujeres como meros agentes de reproducción” se perpetúen entre la sociedad. Todas las políticas públicas, las iniciativas en materia de salud para las mujeres que suben en el Congreso se limitan a la salud materna, lactancia, sin que se incluya la anticoncepción, menos el aborto. El Comité contra la Tortura y el Comité de Derechos Humanos han determinado que, en algunos casos, obligar a una mujer a llevar a término un embarazo no deseado equivale a un trato cruel e inhumano. La criminalización de las mujeres por abortar es producto de la falta de voluntad política del Estado para cumplir con sus obligaciones.

En 2016, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones

Unidas, determinó que el Estado debe abstenerse de:
+Promulgar y aplicar leyes que tipifiquen como delito los servicios y la información de salud sexual y reproductiva;
+Promulgar y aplicar leyes que penalicen el aborto;
+Establecer políticas que obstaculicen el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, por ejemplo, los requisitos de autorización de padres, madres o tribunales para acceder a los servicios, en particular para el aborto y la anticoncepción;
+Tergiversar o difundir información errónea en materia de salud sexual y reproductiva, o establecer censura.

Debe proteger:
+Y adoptar medidas para evitar que terceros obstaculicen de manera directa o indirecta el disfrute del derecho a la salud sexual y reproductiva.
+Prohibir e impedir que agentes privados obstaculicen el acceso a los servicios de salud, por ejemplo, mediante la obstrucción física a las clínicas o la difusión de información errónea;
+Regular adecuadamente la objeción de conciencia de manera que en la práctica no impida a ninguna persona el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva;
+Velar por que las y los adolescentes tengan pleno acceso a información en materia de salud sexual y reproductiva, independientemente del consentimiento de sus padres o tutores o de su estado civil, y respetando su privacidad y confidencialidad.

Debe cumplir:
E implementar las medidas que sean necesarias -legislativas, administrativas, presupuestales, judiciales- para dar plena efectividad al derecho a la salud sexual y reproductiva, por ejemplo:
Asegurar el acceso universal de las personas a una serie de servicios de calidad, particularmente la atención de la salud materna, los servicios de anticoncepción y la atención para el aborto sin riesgo;
Garantizar la atención de la salud física y mental a víctimas de violencia sexual, especialmente anticonceptivos de emergencia y servicios de aborto sin riesgo;
Adoptar medidas para eliminar obstáculos como costos elevados y la falta de acceso físico o geográfico a establecimientos de salud sexual y reproductiva.
Elaborar normas y directrices para la prestación de servicios de salud sexual y reproductiva, las cuales deben ser constantemente actualizadas para incorporar los avances médicos;
Proporcionar una educación adecuada en función de la edad, con base empírica y científicamente exacta en materia de salud sexual y reproductiva.


El documento de GIRE también establece que en México los derechos establecidos en papel están muy lejos de los servicios a los que tienen acceso las personas, en este caso el aborto por causales, ya sea por desconocimiento de las autoridades y, en particular, del personal de salud acerca de sus obligaciones, porque imponen requisitos no solicitados por la legislación que obstaculizan y en ocasiones hacen imposible el acceso a servicios legales de aborto y se permite la desinformación por parte de grupos antiderechos mediante la promoción de legislaciones que buscan restringir los derechos humanos; así como, otra vez, se continúa con criminalización de mujeres con emergencias obstétricas. Deja muy claro que el enfrentar un proceso penal por aborto, sin importar el sentido de la sentencia, puede tener consecuencias permanentes en la vida de las personas denunciadas, su familia y la relación con su comunidad.

Con esto y anteponiendo los derechos humanos y las vida libre de violencia de las mujeres, los congresos locales deben despenalizar el aborto voluntario, por lo menos durante el primer trimestre de la gestación.

En el Congreso de Aguascalientes volverán a subir otras iniciativas similares que dicten “el derecho a la vida desde la concepción”, mientras que Michoacán podría ser el segundo estado del país en donde se legalice el aborto. ¿Por qué? Porque ahí sí hubo un diputado que, junto con organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, presentara una vez y otra más, la iniciativa de ley para despenalizar el aborto en ese estado. El diputado Tony Martínez aseguró que su interés es que principalmente las mujeres no corran ningún riesgo al practicarse abortos de manera clandestina. Si ese es su argumento, está bien, a ninguna se obliga a abortar, pero todas tenemos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

En Aguascalientes, no hemos dejado de pronunciar los nombres de los 19 diputados que pretender “defender la vida desde la concepción”, pero ¿y el resto de los diputados alguna vez han tenido en sus agendas presentar la iniciativa de despenalización del aborto?

¿La propondrá la bancada de Morena y sus diputados José Manuel González Mota, Heder Pedro Guzmán Espejel, Erica Palomino Bernal, Cuauhtémoc Cardona Campos, Natzielly Teresita Rodriguez Calzada? ¿La trae en su agenda de izquierda el PRD con Jorge Saucedo Gaytán? ¿Lucía Armendáriz del PRI; Mario Armando Valdez del Panal? ¿El costo político es demasiado como para priorizar la lucha contra la violencia hacia las mujeres? Todos ellos votarán en contra la iniciativa, un regalo mínimo si ninguno de ellos ha propuesto la despenalización del aborto, no para que sea aprobado como acto de fe, en Aguascalientes esa lucha será larga y complicada, sino para mantener la discusión vigente, para que la sociedad debata, se informe, se arranque los estigmas, para propiciar la discusión urgentísima, consciente, lejos de dogmas religiosos y basada en las investigaciones científicas y en los derechos humanos. Las mujeres seguiremos abortando con o sin permiso. Garantizar los derechos reproductivos y sexuales nos alejará un poco de la violencia que vivimos.



@negramagallanes

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Consulta aquí el informe de GIRE: https://bit.ly/2zEl3AU 
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Ellos son los diputados que pretenden frenar nuestro derecho a una vida sin violencia: Dennys Gómez; Guadalupe de Lira Beltrán; José Manuel Velasco Serna; Mónica Becerra Moreno; Alejandro Serrano Almanza;  Guillermo Alaniz; Karina Ivette Eudave Delgado;María Irma Guillén Bermúdez; Salvador Pérez Sánchez; Paloma Amézquita; Enrique García López; Aida Karina Banda Iglesias; Patricia García García; Gladys Ramírez Aguilar; Mónica Jiménez Rodríguez; Sergio Augusto López;  Margarita Gallegos Soto; Juan Manuel Gómez Morales;  Elsa Amabel Landín.