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lunes, 4 de mayo de 2020

DE LA DEMONIZACIÓN DE LA MALDICIÓN MENSUAL O HÁGAME UN TECITO PARA LOS CÓLICOS




saber
que Dios está escondido entre tus sábanas

sudoroso

consagrando tu sangre menstrual

elevando el cáliz de tu vientre.

Descubrir de pronto que Dios

era una diosa,

última ascesis,

de aquí a la eternidad.


Cristina Peri Rossi




Las mujeres que menstrúan no pueden hacer mayonesa ni tocar las plantas ni bañarse ni salir ni tener sexo; se les corta aquella, se les secan estas, les hace daño el agua, la gente puede enterarse si se asoman y es sucio. Cuenta mi madre que por mucho tiempo este fue un tema difícil de hablar entre las mujeres de su casa, “andar en sus días” estuvo sujeto a múltiples concepciones, todas de acuerdo a su época. Mi abuela Mina les enseñó a ella y a mis tías la fabricación y el uso de las compresas de tela que con sumo cuidado y recato lavaban en el río, ocultas de la vista de todos. Y dado que las mujeres, en su mayoría, han menstruado desde la edad conveniente para ello, compartimos historias similares, por lo general alrededor de un halo de asco, pena y rechazo, aunque deberíamos observar que en el mundo hay quien considera la sangre menstrual la fuente de la vida eterna, un elixir para la inmortalidad; no aquí, que desde muy tiernas tratamos de esconder nuestro periodo, con sus cólicos y desasosiegos, de otros, hombres y mujeres a los que no concebimos como partícipes de nuestra intimidad. Así que entre tabúes, medias tintas, comerciales de toallas para sangre azul y nuestras propias vergüenzas, muchas crecemos con una idea estigmatizada de nuestro ciclo.

Hace unos días, “en mis días”, vi la cara de sorpresa de un hombre cuando saqué de mi bolsa un tampón y me enfilé al baño, tampón en mano y sonrisa en la cara por la incomodidad que le corría por el rostro. Tal vez, pensé, ser discreta en un espacio público le hubiera ahorrado una vergüenza que yo no sentí, o bien, pude haber tomado mi bolsa entera e ir al baño, pero nada de esto eran opciones para mí. Mucho hemos pasado ya desde que por los siglos de los siglos nos consideran enfermas e impuras, poseídas por algún demonio que nos hace sangrar en rituales paganos, todo por nuestro aparato genital, como para pensar en la incomodidad de otros antes que la mía, que la nuestra. Porque aunque luego todavía estamos llenas de pena, rezago o indiferencia para conocer nuestros ciclos reproductores, a veces me parece que el pudor viene de que nos crean desvalidas, incapaces y en pleno desequilibrio hormonal antes que por la sangre que nos acompaña, esa pena de los tiempos de la secu, cuando una mancha roja en el pantalón era la fuente de algún apodo y la muerte social. Pero va más allá: todas hemos escuchado el “compréndela, le bajó”, o el famosísimo “no le hagas caso, anda hormonal”, de por sí nunca falta quien se atreva a mostrar su ignorancia exacerbada al menospreciarnos con el típico “pinches viejas, todas están locas les baje o no”.

Eso sí, hay mujeres para quien el periodo es la verdadera bendición de cada mes y para quien la frustración se refleja en el correr de esa sangre entre las piernas. Otras, ante sus carencias, aprovechan todo para detener el flujo, desde hojas de papel hasta barro, o como las mujeres que viven en la calle y que tienen que resolverlo, y hay las que pueden acceder a copas menstruales; a las que les pega intensamente como una tromba y hasta llegan a necesitar atención médica, y a las que les no les causa malestares.

En el comienzo de todo, pero al quinto día, but of course, Dios creó al varón y a la mujer, a ambos nos bendijo, pero por desobedientes y aventureras a nosotras nos envió como castigo la menstruación y el parto con dolor. Aunque me gusta más la romantización de la Luna y sus fases, su ritmo de 28 días, 13 veces al año, en un símil muy bonito que diversas culturas han adoptado de nuestro ciclo menstrual y la conexión de fuerzas y energías. Los hombres desde tiempos remotos también han husmeado. Aristóteles aseguró que el semen formaba el embrión sobre el flujo menstrual; Hipócrates nos regaló el término histeria y Simónides de Ceos dijo que la mujer es como el mar, con periodos de calma y tormenta. La menstruación y la pubertad están de manera simbólica en la “Caperucita roja” de Perrault; y en Carrie, de Stephen King, la sangre a mi parecer llega de forma violenta con la menstruación, las burlas, los gritos y la venganza. Las mujeres -ella misma- insinuantes y seductoras de Alejandra Pizarnik transitan por ciclos de sexualidad y melancolía, de fiereza y sumisión, del erotismo por la sangre que alimenta a mujeres vampíricas como su Condesa Bathory; y Simone de Beauvoir, que retomó desde los tabúes y la biología también lo que llamó la “maldición” mensual en El segundo sexo, porque no podemos dejar de lado la ciencia.

La travesía que nuestro cuerpo emprende mes con mes también se enfrenta a políticas de control, tanto como para que a veces pareciera que eso de lo que no se habla de forma abierta y pertinente sólo está en el imaginario de las personas y ha minado la credibilidad e identidad de las mujeres. Porque si bien es cierto que no hay ninguna relación entre el desarrollo de nuestra inteligencia con la menstruación, todas debemos estar conscientes de que el hipotálamo nos juega una trastada al reunir un ejército de hormonas que si no somos capaces de controlar se llevan de calle nuestra estabilidad emocional en esos días, pero que tiene remedio si nos conocemos y estamos en paz con nosotras, hay mil recetas para sentirnos mejor. Mientras, la normalización de la histeria hace que seamos “enigmáticas” porque no sabemos qué queremos, o sea, inestables en comparación con los hombres, necesitadas, urgidas de miembros viriles para equilibrarnos mientras comienza otra vez nuestro ciclo, sin que crean que somos capaces de divertirnos porque dicen cosas como que llegó Andrés, que navegamos con bandera comunista o que se nos descongela la chuleta, menos cantar siquiera que “las histéricas somos lo máximo, extraviadas, voyeristas, seductoras, compulsivas finas divas arrojadas al diván de Freud y de Lacan”. Cada una con su identidad.

Otra política de control es la publicidad. En pleno 2018 seguimos hablando de productos de “higiene femenina”, que nos remite a la idea de suciedad, a lo que debe ser sanitizado, jabones y lociones para disimular “olores” y los productos de gestión menstrual (Gloria Steiner dixit) siguen relegados, como la copa, y que no se promueve a pesar de significar mayor comodidad y educación sexual en la mujeres, sino que su omisión responde a meros intereses comerciales y tradicionales. Todo esto sigue siendo un discurso sobre nuestro cuerpo. Que es lo mismo que hablar sobre tener sexo mientras nos baja. El pudor y el estigma no son vencidos del todo por la conciencia de nuestro cuerpo, a sabiendas de que los orgasmos reducen los dolores y malestares, que estamos ávidas de cariños y chiqueos, de tecitos para los cólicos, de nieve y películas (aunque no perdamos de vista que aumenta un poco los riesgos de contagio de ETS, así como el cuello de la matriz se abre para que fluya la sangre, así permite la entrada de infecciones). Con esto mismo me refiero a la limitación que tenemos al no querer mostrar nuestra “debilidad”. ¿Qué tendría de malo en externar que no nos sentimos bien? ¿O por qué tenemos que ocultar la tristeza? Lo sé, en otros países hay hasta incapacidades por menstruación. Por el momento, solo me quedo con el derecho de quejarme, apoyada en el entendimiento del otro. Nadie reacciona de la misma manera al dolor, la relación que tenemos con el mundo nos hace recibirlo de otras formas pero todos tenemos la necesidad de recibir alivio y tranquilidad. Si pensamos que somos valientes por soportar los cólicos y dolores de parto sin quejarnos, a la primera de cambio cualquier queja saca a flote un menosprecio por lo que parecería la fragilidad de nosotras, los viles chantajes emocionales que nos achacan, el escándalo y el menosprecio a estas incidencias; comprender todas estas sensaciones también ayudaría a hacer de lado la victimización de quien padece los dolores y abonaría al entendimiento de quien acompaña. 

Porque mientras que para los hombres la sangre es suciedad, violencia y muerte, la sangre de las mujeres es un símbolo de fecundidad y paradójicamente de enfermedad, que no termina aun cuando se haya ido la regla con la menopausia, esa mujer que ya no menstrúa dejó de funcionar para el mundo, es estéril ya. La sangre menstrual también ha personificado la relación entre los diversos sexos en la sociedad. Nos estableció en un discurso. No solo nos diferencia biológicamente, sino que ha sido pieza clave para establecer dinámicas, muchas de las cuales han empujado a las mujeres a la rebelión. Ojalá que al menos termináramos con esta absurda vergüenza para reapropiarnos de nuestros fluidos, que como lágrimas, sudor, saliva o semen, también cumple una función, pero que en nosotras nuestra sangre ha envilecido nuestro cuerpo y nuestra mente, al considerarnos enfermas e impuras, locas, mujeres poseídas por algún demonio que nos obliga a sangrar para alimentarlo, que nos hace bailar trastornadas al ritmo de los tambores como bruja en Noche de Walpurgis, mientras succiona nuestra sangre. Aunque, pensándolo bien, esto último no suena tan mal.





@negramagallanes

domingo, 3 de mayo de 2020

SILENCIO, HOSPITAL



Kim Morgan on Kill Bill: Volume 1

En el ala de urgencias de ginecología, Dulce puja y suda copiosamente durante la labor de parto.

El hospital. Uno creería que es el mejor lugar del mundo para remediar y prevenir las enfermedades. La sanidad del cuerpo y del alma. Donde se alivia al desdichado, se auxilia al débil y se le devuelve la salud al cortar, extirpar, remover, extinguir la miseria que lo aqueja. A decir verdad, los hospitales son los lugares perfectos para el encuentro de las soledades y el dolor.

A ver, muchachita, ¿cuántos años tienes? ¿15? ¿Y cuántas veces tuviste relaciones? ¿Una, dos, tres, muchas? De eso acuérdate ahorita que te duele mucho. Ya te voy a poner la epidural, pero ni debería. Bien lo dice la Biblia, parirás a tus hijos con dolor, ya te la voy a poner porque mira nomás cómo estás. Dulce respira rápido mientras escucha al médico y a los latidos cardiacos del bebé por el ultrasonido. Es mucho el dolor pero al parecer más la pena. Con las piernas abiertas, la vagina sangrante y aquellas palabras, trata de ya no quejarse, aunque no lo consigue.

En las camas de piso, cuatro unidades de sangre recorren el cuerpo de Itzel mientras siente espasmos y piquetitos en la espalda. Me siento como un globo que se va inflando. Está contenta porque pronto la darán de alta pero la hemorragia regresa y no se contiene. El río que fluye y la alimenta de la bolsa granate sale de entre sus piernas convertido en un rojo mar embravecido. La van a dar de alta porque arriba, levantada, en lo alto y por encima, refleja todo lo positivo que se puede ser en este mundo mientras vives. Nada de estar deprimida, alicaída, abatida, eso te da de baja. Antes que por su condición, Itzel está preocupada porque no consigue los donadores que el Seguro le exige para reponer la sangre que de a poco le va inyectando. El trueque. Sangre por sangre. Se da cuenta que no tiene tantos amigos ni familiares dispuestos.

Las pacientes de la sala de gíneco pierden su nombre, y como presas en la cárcel ahora son llamadas por el número de cama que ocupan. A la sesenta veintidós se le practicó un legrado ayer a las catorce y se le subió a piso después de estar en recuperación, sin novedades. Rita escucha y sonríe. Sonríe. Está contenta porque le extirparon dos tumores de la matriz. Mujer, no te rías, como si no acabaras de perder un hijo. Tres tumores. Se queda esta noche a observación y mañana en la mañana se va a su casa, para que si puede le avise a sus familiares. Pero para sesenta veinticuatro no es igual. También un legrado por miomas que se le realizó ayer a las nueve, se lleva progesterona de tratamiento, ponga cita con su médico familiar y si presenta fiebre, dolor o hemorragia véngase rápido a Urgencias. Ya la vamos a dar de alta para que repose en su casa. Sandra llora, el proceso de recuperación será más lento de lo normal porque tiene la urgencia de un niño que le complete la vida a ella y a su esposo. Es que una de mujer necesita realizarse, dice sesenta veintitrés, yo tuve cuatro hijos y con esos quedé a gusto, pero tú ni uno todavía -cree que consuela- ya verás que si te cuidas pronto tendrás los tuyos.

Una vez que médico y residentes han terminado las revisiones y abandonado la sala, las mujeres del pabellón intercambian dolencias y consejos. Por qué están ahí, cuántos días llevan internadas, anécdotas e intimidades que se hacen no como confidentes, sino con la libertad que les confiere la certeza de que nunca volverán a verse, que sus historias son contadas en desahogo, para vencer el tedio y perder el tiempo en pláticas insulsas para la otra. Competencias, a veces parece, de quién tiene el dolor más agudo, la afección más complicada, la recuperación más pronta de todas. Mujeres pequeñas y robustas, de huesos duros y corazones flexibles, mujeres envueltas en pieles y nervaduras, manchas y adherencias. Cuerpos sensibles traumatizados y desnudos sin más posesión que la bata aguamarina que las uniforma.

A Silvia nadie la ha visitado. Llora. La paciente de la cama sesenta veintiuno está un poco nerviosa porque se someterá a una histerectomía. Tiene miedo a la plancha, al dolor, pero el más hondo es porque cree firmemente que su matrimonio terminará una vez que el útero le sea removido. Ya no seré una mujer completa, dice. No sé si a una le queda el hueco por dentro, pero todos me dicen que no seré la misma. Lo bueno es que yo también ya tengo hijos, ya grandes, tres varones y una mujercita de 15, ya me siento completa con ellos. Mi niña no puede venir a verme porque el domingo tuvo a su bebé por cesárea y está en la casa recuperándose. Los hombres, pues, están trabajando, aparte no los dejan entrar al pabellón de mujeres. Quién sabe si mi marido esté allá abajo. Ahora que lo cambiaron de lugar en el trabajo ya no es el mismo conmigo. Es que ahora está entre puras muchachas y a mí se me hace que anda con una de ellas. Con esto de mi operación pues con más razón me va a dejar.

Las enfermeras entran y salen, indiferentes, cada una igual en su turno, con cofia, de blanco y sin más cariños que los mija, voy a ponerte el antibiótico, mija, deja te cambio el pañal, mija, mejor ten el cómodo. Se detienen en cada una de las camas, como Vía Dolorosa, para revisar que el suero y la medicina pasen correctamente por las venas. Primera Estación. Antes de eso tuvieron que insertar la intravenosa, su primer contacto con el cuerpo del paciente. Por lo menos deberían de asegurarse de aminorar el nerviosismo, en ese estado es más difícil encontrar la vena y perforarla sin lastimar, un dolor como ese puede llegar a ser más grande que cualquier afección que presente el enfermo. De preferencia, deberían pensar que por esas venas pasa no sólo sangre, sino una vida. Que han sido las pistas por donde ha galopado la sangre mientras se hace el amor o el ejercicio. Que llevan en el torrente la esperanza de la purificación al transportar la sangre como de un cristo que limpiará los pecados cometidos. La redención. Otra oportunidad.

El sufrimiento corporal y mental de quienes viven con una enfermedad en el cuerpo, en las entrañas, se ve aumentado por las miradas de hastío de los médicos en los hospitales. Desconocidos que tocan el cuerpo con la facilidad que la repetición les ha conferido, pero que para el paciente siempre es nuevo el tacto. Un extraño palpando recovecos, recorriendo hendiduras, apretando sin piedad, con su lenguaje técnico incomprensible, alarmante, que grita lo que el pudor de las pacientes quiere ocultar. Sesenta veintitrés, ¿ya defecó? Le vamos a poner un enema, no puede durar tantos días sin hacer del dos. A ver, abra las piernas, le voy a revisar el ano a ver si todavía lo tiene inflamado. Con solidaridad, todas las demás desvían la mirada. Alguna preferirá cerrar su cortina aunque esta no aísle el sonido de las palabras y de la vergüenza.

En el lecho, el enfermo sufre a veces más de miedo que de dolor. Adormecido, inmóvil, angustiado por no saber la hora que no avanza, incomunicado y solo, se enfrenta abatido a la noche y se deja vencer. De alguna forma patológica su espíritu afectado no encuentra en la oscuridad si el dolor es de conciencia o corporal. Incursionar de madrugada en un viaje a las “ruinas” de la melancolía, diría Bartra, es una tarea para todas esas pacientes de la sala, que se ahogan en un llanto solitario que escurre con discreción entre las sábanas empapadas, el olor a orina, el frío, los coágulos, los vasos sanguíneos perforados y lastimados como lugares comunes y compartidos.

De mañana, tratarán de hermosearse con lo que tienen. Sus dedos para peinar el cabello, las manos para recorrer y eliminar la grasa nocturna del rostro, las maneras de acomodarse la bata tal vez con el hombro del fuera para no olvidar su sensualidad en la condición médica.

Sesenta diecinueve fue dada de alta y como obsequio se llevó una bolsa de compresas femeninas para la hemorragia. Su lugar fue ocupado por una Mujer con Cesárea. Óleo y acrílico en lienzo. Así permaneció, como una pintura. Horas inmóvil, paciente, sin ansia, antes de ser llevada con su hijo.

No se pudieron esperar a que saliera de aquí para abandonarme, cuando nadie te quiere ya no hay operación que haga que te cuiden. La sesenta veintiuno, Silvia, tiene hambre y sed. Llora. Regresó de la cirugía y le duele. Una pastilla de paracetamol y una inyección de ketorolaco no le calman el dolor ni la angustia. Trata de dormir pero no puede ni cerrar los ojos de tantas lágrimas. En su desesperación se dobla y se sienta en la cama y de un brinco se coloca al pie de esta. Un derrame sanguíneo invade el piso y al borde del síncope, Silvia llora y ejerce el derecho universal al sufrimiento, se adueña de él.

La enfermedad no es más que la colección de síntomas, dice Foucault. La diferencia absoluta que separa la salud de la enfermedad. Calores, ardores, llanto, temor, palpitaciones que son diferentes en cada enfermo y que sin embargo todos en ese lugar entienden.

El hospital. El paciente acude en busca de la sanidad del cuerpo y del alma. Como un templo sagrado que alivie el sufrimiento. Lugar común de soledades y dolor.





@negramagallanes

viernes, 1 de mayo de 2020

AMOR ETERNO, LABORES PROPIAS







Mi madre sostuvo la economía de nuestra casa durante mucho tiempo con su máquina de coser. Fueron tiempo difíciles para ella y mi padre en una de las tantas devaluaciones en el país. La recuerdo sentada frente a su máquina en las noches, alumbrada con la lucecita que guía el camino de la aguja. Estudió en una academia de corte y confección en esta provincia, yo tanteo que a inicios de los 70. Ahí mostró su inteligencia y habilidad, por lo que se ganó una beca para estudiar diseño de modas en el antes DF. Mi abuelo, su padre, no la dejó. Se opuso rotundamente porque esa ciudad sería la perdición para su hija y no permitió que continuara haciéndose ilusiones.

Pero no voy a romantizar el aguante que vivió ante la presión para que no se fuera a la capital, ni las dobles y triples jornadas laborales desde su infancia. Fueron épicas y una chingadera para ella. Aun así, no es una víctima. Ha sabido vivir con lo que tenía y tiene, y como ella decide hacerlo. No voy a ensalzar tampoco su abnegación, la cultura y la sociedad la pusieron en ese lugar, con esa idea, con poquísimas oportunidades para decidir, y que al tenerlas no quiso tomarlas por obedecer no el mandato de su padre, sino uno más aplastante de estructura patriarcal.

Después, cuidar dos hijas, atender una casa con marido incluido y aparte coser ropa ajena. A pesar de necesitarlo, nunca quiso un trabajo que la hiciera permanecer fuera de su hogar muchas horas. A la mesa nunca faltó, ni falta, comida preparada por sus manos. Menos falta amor y entrega, una total, incondicional, olvidándose la mayoría de las veces de sí misma. A estas alturas, me pregunto qué habría pasado si hubiera podido decidir por ella.

Desde el carácter biológico-natural, el discurso de una maternidad llena de sufrimientos y satisfacciones por los hijos enaltece a las mujeres. En la estructura social, tenemos en las manos la encomienda de formar familias y personas. Nuestra importancia en la comunidad es tanta que mueve los engranes para anclarnos a una tarea descomunal, somos responsables de la integridad física y moral de los hijos, su crianza implica que seamos médicas, profesoras, cocineras, sicoanalistas, adivinas de tiempo completo. La historia nacional mexicana ha pintado la figura materna en el regazo de una virgen morena. Sin embargo, todo esto nos ha restado subjetividad. Nos ha relegado a no ser sujetos de derecho. Estamos obligadas a parir, estamos obligadas a sufrir por los hijos y la familia. Y aunque hemos avanzado en materia de igualdad, la maternidad sólo ha dado vueltas para retornar al mismo punto: del lado vintage está el quitarse el pan de la boca y del hipster, ahora, asumir los partos naturales o amamantar a pesar del dolor. Es lo “natural”.

Amor eterno e inolvidable, canta Juanga, sacrificio, dolor, es lo que reviste aún a las mujeres, tengamos o no hijos, porque la maternidad es el símbolo con el que todas nacemos y el rol que terminamos cumpliendo con los sobrinos, los amigos, los hermanos, con el marido (dice Marcela Lagarde). Nuestro amor de madre casi siempre está en todas las relaciones sociales que tenemos y si no es así, la nación nos lo demanda.



No solo ha sido el deseo, sino la necesidad, lo que nos ha incorporado al mercado laboral (la carga hace andar al burro, mi abuela dice) que no siempre es satisfactorio, pues persiste la brecha salarial respecto a los hombres, además de los bajos salarios y el no permitírsenos los lugares de altos mandos, sin olvidar que tenemos a nuestro cargo el trabajo reproductivo. Pienso en la máquina de coser de mi madre y que el mundo de la moda fue conquistado por los hombres, en su mayoría. O la máquina de escribir, que en lugar de darnos voz como creadoras, pensadoras, escritoras -tan pocas y tan firmes-, nos encasilló por mucho tiempo en el lugar de las secretarias, para darle voz a otros, a pesar de ser un empleo empoderador en un inicio. Ambas máquinas pudieron darnos manutención, pero no siempre un lugar destacado en el mundo.

No es gratuito que las mujeres aún no tengamos voz, por lo que es “normal” que los hombres continúen apropiándose de los discursos, figurando, apareciendo, dominando las altas esferas y disponiendo de nuestras vidas. En su libro Mujeres y poder, Mary Beard recuerda el pasaje de la Odisea donde Telémaco manda callar a Penélope, su madre, cuando ella le pide a un aedo que cambie el tema de su canto: “Madre mía -replica-, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca… El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues el gobierno de la casa”. Aún después de siglos, las mujeres seguimos silenciadas, y cuando hablamos, nuestra voz no se escucha ni en lo privado ni en lo público. La voz que predomina es la masculina, la del “gobierno de la casa”, y de querer hacernos oír tenemos que pagar un precio muy alto: la descalificación, el infundio, el ignorarnos. Cuantas veces para hacernos escuchar hemos levantado la voz, y ahí somos nombradas como histéricas.

Aun con esto hemos resistido, seguimos buscando un camino a la igualdad, pero en el que estamos solas. No hemos podido combatir las violencias y desigualdades. El Estado mexicano sigue sin tomarnos en serio y con eso refuerza estereotipos y nos conmina a una vida bajo el sistema patriarcal y machista. Aplastante. Impedidor de nuestro derecho a la libre personalidad, a nuestro libre desarrollo, a la libertad sexual y reproductiva. Las mujeres seguimos atadas a la autorrenuncia, a la disponibilidad y a la cero autonomía.

Bajo el nuevo gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se ejecutó un recorte a la mitad del presupuesto del programa de Estancias Infantiles para Apoyar a Madres Trabajadoras, con el argumento de evitar desvíos de recursos e investigar casos de corrupción. El programa está destinado sobre todo a madres solteras que trabajan o estudian, lo que ha ocasionado que miles de ellas sacaran a sus hijos de las estancias al ya no tener el servicio o no poder pagarlo. Una solución que planteó el gobierno fue que las familias y las abuelitas cuidaran de esos hijos. Lo que no considera el gobierno es que no sólo se trata de ver quién cuida a eso niños y en qué condiciones (erradicar la brutal violencia doméstica que padecemos sigue siendo otro de los pendientes en sus inexistentes políticas públicas de género), sino que refuerza estereotipos maternales, limita la vida de esas mujeres con dobles o triples jornadas laborales, muchas veces sin familia, con la disposición en el cuerpo de renuncia a su plenitud, con la valoración social al sacrificio y las vicisitudes, a la abnegación, plenamente justificado por el estandarte de la maternidad. Este recorte de dineros incide directamente en la economía de las familias, en especial de las familias con padres ausentes, por no decir valemadristas del bienestar y desarrollo de sus hijos. Este recorte es otro impedidor de nuestro derecho a la libre personalidad, a nuestro libre desarrollo, pues todavía no podemos ejercer el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo sexual y reproductivamente. Repito: las mujeres seguimos atadas a la autorrenuncia, a la disponibilidad y a la cero autonomía.

Una mejor madre, parece ser el mensaje perpetuo, es la que más batalla. Mi madre y su máquina de coser. Mi madre y sus renuncias en nombre de la familia. Tanta importancia tenemos en la comunidad, que somos las responsables totales de la crianza de los hijos en el discurso, oficialista o no, donde, por ejemplo, no entran todavía las labores compartidas de los varones. Pensemos en esa estructura social, patriarcal, machista que este gobierno tiene en mente. Ésa es la atadura y la desigualdad que debemos cambiar de fondo.

Gracias, mami. Tu camino abrió brecha para que me buscara una voz.

@negramagallanes

viernes, 27 de marzo de 2020

PRIMERA CONFERENCIA DEL GOBIERNO DE MÉXICO SOBRE MUJERES Y COVID-19










+El control de esta epidemia requiere modificar la vida pública, lo que puede traer consecuencias adversas, afectaciones sociales y económicas de las personas
+En diversas plataformas se mostró rechazo por parte de la población espectadora al tema de las mujeres, los cuidados y la intensificación de la violencia de género en el aislamiento social por Covid-19



Desde el inicio del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las mujeres hemos ocupado espacios mínimos en sus cotidianas conferencias mañaneras, desde lo presencial hasta como tema, lo que también habla del lugar que ocupamos en su agenda. Estas omisiones han sido destacadas por diversas organizaciones, al ser notoria la ausencia de una estrategia por parte del Gobierno de México que frene las distintas violencias de género que padecemos en el país. Menciones básicas e insulsas del presidente como que las mujeres merecemos respeto, o que en cuanto a la violencia de género “somos partidarios de la democracia de las libertades, de la no violencia, y creemos firmemente que la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”, hasta “estrategias” como que la Guardia Nacional ayudará a combatir la violencia contra las mujeres, han sido muy criticadas en este país donde 10 mujeres son asesinadas diariamente con pandemia de coronavirus y sin ella.

El jueves 26 de marzo se realizó la primera conferencia de prensa en la que la situación de las mujeres en la pandemia por Covid-19 fue el tema principal, algo que ni la coyuntura del 8 y 9M logró. Con la presencia de la doctora Ana Luisa de la Garza Barroso, directora de Investigación Operativa Epidemiológica de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud; la doctora Nadine Flora Gasman Zylberman, presidenta del Inmujeres México; Karla Berdichevsky Feldman, directora general del Centro Nacional de Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva; y la doctora Lorena Rodríguez Bores, secretaria Técnica del Consejo Nacional de Salud Mental, como expositoras, el doctor Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, comentó que se tocaría un tema de especial relevancia, “hemos platicado que una epidemia es un fenómeno complejo, que involucra a prácticamente a todos los elementos de la sociedad y que debe cuidarse con especial atención cuando los fenómenos de salud empiezan a afectar las relaciones humanas que resulten en cambios al bienestar social”. Hizo hincapié en que el control de esta epidemia requiere modificar la vida pública, lo que puede traer consecuencias adversas, afectaciones sociales y económicas de las personas que son económicamente desfavorecidas, con lo que López-Gatell aceptó que México tiene a la mitad de la población viviendo en condiciones de pobreza, y con ello, en atención a las medidas de Sana Distancia masiva, con el llamado a que todas las personas permanezcan en casa, fuera del espacio público, desde el 23 de marzo hasta el 19 de abril, “hoy queremos tocar un aspecto que nos parece importante que la sociedad lo tenga presente, para prevenir algunas afectaciones que tienen que ver con el estado de aislamiento en casa que puede implicar una convivencia más estrecha entre las personas al interior de las familias”, lo que afecta directamente a las mujeres, reconoció que las violencias contra las mujeres son un tema también de salud pública en México, a pesar de ser un tema social, en una situación extraordinaria como la de esta pandemia, pues estas nuevas dinámicas pueden exacerbar la violencia “es por eso que queremos llamar la atención del público y de ustedes como comunicadores” con la conferencia.
La directora de Investigación Operativa Epidemiológica de la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud, Lorena Rodríguez Bores, compartió el informe técnico diario del panorama global y nacional de casos confirmados por coronavirus, con 199 países con contagios confirmados por la Organización Mundial de la Salud. Confirmó que ya son 8 las personas fallecidas y destacó los casos confirmados: 585, de los cuales, el 3 por ciento se reporta grave.
Nadine Gasman, presidenta del Inmujeres México, agradeció el espacio para hablar “de los desafíos pero también de las oportunidades”. Resaltó que estamos viviendo un momento histórico que no se ha visto en mucho tiempo, recordó las manifestaciones del 8 de marzo, donde las mujeres reclamaron derechos y dijeron basta a la violencia y el paro del 9 de marzo para demostrar a la sociedad el papel que juegan en la economía y los cuidados, y ahora con la contingencia, el tema de los cuidados y nos hacemos cargo es el centro a la respuesta a este tema de salud pública que requiere el cuidado de uno de los sectores más vulnerables, los adultos mayores, tal y como externó el 24 de marzo el presidente López Obrador en su conferencia mañanera: “Es un hecho, es conocido, que sobre todo las hijas cuidan a los padres. Los hombres podemos ser más desprendidos, pero las hijas están siempre pendientes de sus madres y sus padres”.
La presidenta de Inmujeres destacó que en los trabajos domésticos y cuidados, las mujeres dedican 39 horas a la semana y los varones únicamente 14 horas, con una aumento en los últimos años de sólo siete minutos por parte de ellos: “Esta contingencia tiene que hacernos pensar cómo debe de ser, y nos permite, además, experimentarlo, porque todo mundo va a estar en casa, es tiempo de que hombres, mujeres y también los niños y las niñas se involucren en los temas de cuidado. Es muy desigual con las mujeres. No podemos cargarles la mano. Hay que redistribuir estas tareas entre hombres y mujeres. Las estadísticas nos dicen que los hombres que se encargan de sus hijos e hijas, que realizan labores domésticas, son menos violentos, también es una forma de reducir la violencia contra las mujeres”.
Mientras Nadine Gasman presentaba estos datos y a lo largo de toda la conferencia, los comentarios en las páginas de Facebook, Periscope y Twitter, por donde se difundió la conferencia, mostraban la dificultad de aterrizar la información de la realidad de las mujeres mexicanas, YA SIENTESE SEÑORA, fue el comentario más frecuente, en franco desprecio por la información, junto con muchos más de corte agresivo, misógino y machista.
La titular de Inmujeres hizo un reconocimiento a las trabajadoras de la salud, en México, 472, 281 personas se dedican a la enfermería, el 79% se trata de mujeres y solo el 21%, de hombres, por lo que pidió políticas públicas y sociales enfocadas a ellas, al igual que para el 29% de los hogares en México, que son dirigidos por una mujer, es decir, 9 millones 266 mil 211 hogares tienen al frente a una mujer, así como pidió muestras de solidaridad para los 2.2 millones es de personas en México que se dedican al trabajo del hogar remunerado, de los cuales, el 90% son mujeres, de las que el 75% no cuenta con ninguna prestación social.
Karla Berdichevsky Feldman, directora general del Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, reconoció que para hacer frente al Covid-19 también es necesario reconocer que hay un impacto diferencial en funciona de la edad, del género, de grupo étnico, de diversidad, situación legal, migración y condición de salud que demandan cuidados extremos, así como que también se impacta de manera distinta a las mujeres, a las adolescentes y a las niñas que pueden necesitar atenciones especiales en materia de salud pública, que consideró indispensable que toda la población conozca y entienda, como las plataformas telefónicas para atender temas claves de salud, con personal capacitado, como información de métodos anticonceptivos en Planificatel: 800 624 64 64 y orientación en complicaciones en embarazo, puerperio y lactancia a la línea materna al 800 628 3762 (800 MATERNA), en donde destacó que no se han registrado casos de muerte en embarazadas ni que el bebé nazca con coronavirus si su madre fue detectada; la lactancia es posible aún cuando se ha confirmado o sospechosa de coronavirus. Resaltó que el 911 tiene la capacidad para atender los casos de violencia familiar y de género y para canalizar a las personas en situación de violencia a las instancias de ayuda correspondiente, y enfatizó que el aislamiento puede generar estrés, pero no se debe justificar la violencia.
Destacó que otro ámbito que no se puede descuidar es el de la salud sexual y reproductiva, donde se implementaron programas para respetar estos derechos y aseguró que las Secretarías de Salud estatales y los servicios de Salud garantizarán el acceso a métodos anticonceptivos durante esta etapa de contingencia, “particularmente entre aquellas usuarias de pastillas anticonceptivas, inyectables mensuales, de parches, de condones masculinos y femeninos, se hará una dotación de más de un mes y en cantidades adicionales para que no exista una falta de uso” y también que se dispone también de concepción de emergencia, así como métodos de barrera, el condón masculino y el femenino suficientes también para la población LGBTTTI, con lo que resaltó que es importante no interrumpir el uso de métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados ni enfermedades de transmisión sexual.
No comentó sobre la interrupción del embarazo ni por voluntad ni con la norma 046; por decisión de la mujer sobre su cuerpo es clara la razón de su omisión: el aborto no es legal en todo el país, sin embargo, no deja de ser también una necesidad especial en materia de salud pública que recae directamente en el cuerpo de las mujeres también en este confinamiento.
Que el tema principal de esta conferencia sean las condiciones de vida y las repercusiones que tiene la pandemia del Covid-19 sobre las mujeres, es un logro pero no se agradece, es su labor, y debe continuar, pues hemos sido invisibilizadas a lo largo de este y otros gobiernos, se ha mostrado un desprecio a nuestra vida así como a nuestra muerte, en el caso de los feminicidios y la impunidad para castigarlos.
No importa si de nuevo las mujeres ocupan la mesa principal en una conferencia si no hablan de nosotras, y ahora que lo hicieron los comentarios digitales mostraron la indiferencia social y el poco interés que hay al respecto de cómo hacemos posible que funcionen las casas y el país, no ha bastado las manifestaciones contra la violencia ni bastará esta única conferencia, necesitamos más, ser el foco de atención y comprensión de nuestras necesidades y el respeto a nuestros derechos.
Al inicio de la conferencia, Lorena Rodríguez Bores destacó que son 199 países con contagios confirmados por la OMS, 199 países en donde las mujeres se encargan cultural e históricamente de los cuidados a otros y de las casas, las mismas que están padeciendo los estragos secundarios de la pandemia del coronavirus.

Hugo López-Gatell Ramírez inició la conferencia apelando a “llamar la atención del público y de ustedes como comunicadores”. Ninguno de los reporteros presentes, al finalizar la rueda de prensa, retomó el tema de las afectaciones a las mujeres en esta pandemia.

@negramagallanes

martes, 10 de diciembre de 2019

DESBASTAR LA PIEDRA BRUTA






 ENTREVISTA CON MARICELA GASTELÚ
“Es responsabilidad, como hombres y mujeres de una nueva ola, de empezar a cambiar las palabras, los comentarios y hechos machistas, ya tenemos conciencia y todo lo que salga de nuestra boca tiene que venir para construir”




El 28 de noviembre se llevó a cabo la Mesa Agenda Política con Perspectiva de Género, organizada por Movimiento Ciudadano, en la que participó Maricela Gastelú, consultora política e impulsora de iniciativas para erradicar la violencia política de género. 
Su discurso fue claro, honesto, cálido y sencillo, Maricela Gastelú se enfocó en la narrativa de los estereotipos de género que permean en la sociedad, como cuando la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, dijo que iba a permitir que las niñas de las escuelas de educación básica usaran pantalones, sin embargo, en ese momento la discusión se centró en el cuestionamiento de si los niños podían usar falda, dejando de lado los beneficios que traería que las niñas usaran pantalones escolares, como las que viven en comunidades retiradas y padecen frío al tener que levantarse a las 5 de la mañana para llegar a la escuela; o las niñas que no pueden jugar libremente, mientras que los niños suben, bajan, se arrastran sin problemas. Enfatizó, sin reservas, en un tercer punto: porque “a alguien algún día se le ocurrió cosificar la falda escolar, hacerla sexualmente apetecible, y si uno se mete a cualquier página pornográfica va a encontrar que hay un alto contenido, primero, de violencia explícita contra las mujeres, o sea, cachetada, guamazo, nalgada erótica, le jalo el cabello, le escupo, termino mi relación sobre ella, y un largo etcétera que han hecho creer a las generaciones que se educan con la pornografía que eso es sexy, aceptado, que a la mujer le gusta la violencia, y si es colegiala con la faldita sexy, las calcetitas, y entre más infantil se vea, más atractiva, entonces la niña de 13 años va saliendo de clases con su falda y algún cerdo le grita una cosa. Hay cosas que se tienen que empezar a hablar antes de que también los niños pueden usar falda, lo que importa es no permitir, no por estereotipos y patrones de género, que si has nacido de una forma te toca de esa manera”.

Continuó su participación enfocada en cómo la verbalización de estos estereotipos está muy arraigada entre las personas: “Las palabras tienen poder, las palabras tienen fuerza, desde que nació el niño o la niña y le preguntan a la mamá ¿qué fue?, fue niña, ahh, es que las niñas sufren mucho… o sea, la niña no lleva ni 5 minutos de nacida y ya le están fregando la existencia […], o el más aventurado que responde, tuve niña, puro artículo para caballero, somos cosas, objetos, artículos para alguien más”.

Maricela Gastelú destacó que en México diariamente diez mujeres mueren por crímenes en razón de género, pero que también debe hacerse visible que en México seis de cada diez padres son padres ausentes, que mandan mil pesos una vez al año para manutención, no entran al tema de la crianza compartida, de la paternidad responsable: “Nos dicen los partidos políticos, lánzate de candidata, busca una regiduría y ahí comienza el paradigma de la mujer política, terminas la campaña, llegas a tu casa cansada y todavía hay que hacer labor doméstica, hay que revisar a los hijos, al esposo, las actividades que por género nos dijeron que nos correspondían, y regresas a la campaña, cansada, madreada, y ahí también hay que estar respondiendo, para eso también necesitamos que entren a la crianza”. 

Y concluyó: “Si bien es cierto que los hombres no tienen la culpa de haber sido educados en estereotipos machistas, es responsabilidad como hombres y mujeres de una nueva ola, de empezar a cambiar las palabras, los comentarios y hechos machistas, ya tenemos conciencia, y todo lo que salga de nuestra boca tiene que venir para construir, porque si no construimos una mejor sociedad no estamos siendo diferentes a los que hace 500 años lapidaban a las mujeres. La conciencia es lo único que nos hace diferentes a las bestias, porque instinto sexuales todos tenemos, el que es incapaz de tener dominio de sus instintos, desbastar la piedra bruta, entonces no es diferente a otros, hay otros que le están entrando al tema, por ellos, no para caer bien, para ser seres humanos dignos, y estos hombres que antes eran de una manera y ahora están cambiando, estos son los hombres con los que las nuevas mujeres vamos a construir una mejor sociedad, lo mismo con las mujeres, nosotras también debemos hacer cambios”.

Al término de la mesa, LJA.MX platicó con Maricela Gastelú:




Tania Magallanes: El enfoque que le diste a tu participación fue en los estereotipos de género, y con esto, pensaba que a penas hace unos días la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la norma de la CDMX que otorga la custodia en automático a las madres mientras ocurre el juicio de divorcio, pues reafirma los estereotipos de género tradicionales de la crianza femenina y profundiza la obligación tradicional de la mujer de ser madre. 

Maricela Gastelú: De entrada, suena terrible si le decimos a las mujeres que ya no se les va dar por sentado que tengan la crianza y el cuidado de sus hijos, suena horrible. El problema va más atrás y tiene que ver con la maternidad obligada, que no se ha hablado siquiera de la posibilidad de la interrupción del embarazo, porque entramos otra vez al tema de que ni las perras rechazan a sus hijos, y no es que las mujeres rechacen a sus hijos, es que siempre se ha puesto este estereotipo de mujer de crianza; por qué sí el hombre puede seguir y hacer su vida y pasar dinero de vez en cuando. Ahí tenemos una deuda con las pensiones, larguísima, si voy a hablar entonces de quién va a criar, que deje de haber carrilla y satanización de la madres jefas de familia y las madres solteras con estos comentarios de “la bendición, se parece a Jenny Rivera, mamá luchona”, y comentarios que desacreditan a una mujer que tiene un hijo y decidió o se vio obligada a sacarlo adelante ella sola. Se debe dejar de tolerar a hombres padres irresponsables en la manutención; establecer criterios de persecución penal y garantías, que no puedan ni siquiera salir del país, por ejemplo, si no han cubierto sus obligaciones de manutención, pero antes de hablar del rol de crianza y de cuidado, hay que entrar al tema de la maternidad no deseada, lo que la ley no puede hacer es juzgar con moralidad. 

Hay un senador que dice que debería someterse a consulta popular el tema del aborto, pero sería una aberración, los derechos no se consultan, de entrada, segundo, qué fácil es decir para el sistema patriarcal, con una encuesta truqueada: los mexicanos dicen que todas las mujeres deben ser madres, deben ser obligadas a parir, que ese es el tema, hay quienes dicen, sí estamos de acuerdo con el aborto, si y sólo si han sido violadas, pero la violación no se da sólo en la noche, en un lugar apartado, también la violación se puede dar en pareja, en un entorno doméstico, se puede dar incluso sin violencia, y hay mujeres que después de haber sido violadas son obligadas a parir; las mujeres en cárcel que son de violadas, porque ahí no hay un consentimiento, ni sexoservicio, y que son obligadas a parir en condición de cárcel, no solamente van a terminar purgando su pena, sino cuando salgan van a tener que enfrentar el proceso de una crianza obligada, las que estemos a favor del aborto no es que sea per se, huy sí, vamos todas a abortar, entendemos que hay mujeres que de todas maneras lo realizan en clandestinidad, de muchas maneras, se tiene que empezar a hablar este tema, luego nos abrirá las puertas para hablar de que sí está correcto que la ley no conceda per se, por el hecho de ser mujer, la custodia de los hijos, porque esto les lava las manos de responsabilidad a los hombres y los excluye de la paternidad que les toca. Que cambie la ley, que hagan justicia y que sean igualitarios.

TM: La Ley Olimpia acaba de ser aprobada, va de la mano con la libertad sexual que se nos ha negado históricamente a las mujeres, y sirve precisamente para hablar de este tema.

MG: Primero, ¿qué es la Ley Olimpia?, es una ley que sanciona a las personas, generalmente hombres, que difunden contenido íntimo y privado, sin consentimiento de las personas. Anteriormente la gente decía pero es que si ella se grabó teniendo relaciones sexuales con él, entonces ella sabía que iba a ser difundido, y no, esta es una revictimización, ya es víctima porque la están difundiendo en redes sociales y todavía la revictimizan al decir que es su culpa, y en este ampararse, muchas parejas sexuales de las mujeres decían pero es que ella sabía que nos estábamos grabando, en el caso de que supieran, porque en otros claro que no sabían que eran grabadas, ni así le da derecho al otro a difundir contenido que era entre dos personas, y no solamente sexuales, por ejemplo, cuando acudiste a una marcha podemos ver cómo la gente dice aquí podemos ver cómo Tania marchó y entonces vamos a exhibir dónde trabaja y quiénes son los familiares de Tania y su hijo estudia en tal primaria y vamos a matar a su hijo. Pueden ser tus cuentas bancarias, tus horarios, tu dirección y entonces habrá gente que tome todo tipo de represalias porque el mundo está lleno de odio. 

El caso de Olimpia Coral Melo, esta activista que no solamente hace una batalla campal en todo el país, sino que va sentando antecedentes en toda América Latina, porque esta ola del feminismo va de forma transversal en todos los países. 

TM: Con la Ley de Paridad de Género parece que estamos contentas porque las mujeres ocupan lugares, pero eso es muy diferente a trabajar con perspectiva de género.



MG: Qué bueno que los medios de comunicación, como éste, se den cuenta de esta laguna tan grande, porque a fin de cuentas, los medios de comunicación también son creadores de presión social para influir en las leyes, entonces cuando los medios son de corte machista, pues somos unas malas mujeres, pérfidas desgraciadas, y cuando los medios son críticos y propositivos generan un cambio en la conciencia de las personas. Por supuesto que hay que clarificar qué es paridad y qué es perspectiva de género, porque luego se cree que es lo mismo, como sexo y género, y no, la paridad obliga de forma constitucional que la mitad de los cargos sean para mujeres; la perspectiva de género es legislar o juzgar que la mujer se encuentra en condiciones diferentes a las de un hombre. Perspectiva de género es que nuestras diferencias nos hagan iguales a todos, ante la ley. Por ejemplo, sería que no todas las mujeres tienen el peso necesario para, al momento de cambiar la llanta, meter la llave en cruz, brincar y sacar los birlos, entonces, colocar la llanta trasera de forma vertical, ya no horizontal, para poder retirarla con mayor facilidad, colocarla, y en lugar de llave de cruz tener una pistola de pernos, que sea más rápido y que no me exponga en carretera, eso es pensar con perspectiva de género. Otro ejemplo: los mentados garrafones, claro que hay mujeres que alcanzan a agarrar dos garrafones, pero otras no, y pensando en esas otras que no podemos cargar un garrafón, con perspectiva de género, no es que hagan un garrafón rosa, no, es hacer un garrafón más pequeño.




@negratinamagallanes

jueves, 5 de diciembre de 2019

PATRICIA MERCADO, SOBRE LOS DERECHOS DE LAS TRABAJADORAS DEL HOGAR Y LA NUEVA FORMA DE ENTENDER LA FAMILIA





+Existe un fuerte simbolismo al haber votado el Convenio 189 junto al T-MEC, al hablar de movilidad y migración, organización sindical y derechos de una minoría que no está siendo representada
+Patricia Mercado ha mantenido en el Senado la discusión sobre los permisos de paternidad
La senadora habló también sobre el reconocimiento del derecho a la movilidad, que se acaba de aprobar en el Senado




El viernes 13 de diciembre, la senadora por Movimiento Ciudadano, Patricia Mercado, estuvo en Aguascalientes para participar con una conferencia en el Encuentro de Paridad y Equidad organizado por LJA.MX. Antes de iniciar su participación conversó con algunas participantes del evento, donde destacó el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los derechos de los y las trabajadoras del hogar, que en su exposición de motivos ante el Senado, Patricia Mercado defendió al mencionar que desde su escaño, “nada más quiero llamar la atención de la importancia de lo que nos acaba de comunicar, que Presidencia de la República ha mandado a este Senado la solicitud de ratificación del Convenio 189, que asegura los derechos de las trabajadoras del hogar. Se ha remitido a la Comisión de Trabajo y a la Comisión de Relaciones Exteriores, ojalá que se pueda trabajar lo más pronto posible para cumplir esto, que seguramente saca de la pobreza laboral a dos millones de trabajadores, la mayoría de ellos mujeres. Muchas felicidades. Sólo llamar la atención a que ha sucedido algo que estábamos esperando hace muchos años y que finalmente el Ejecutivo nos manda la ratificación de este Convenio”.

La senadora ha planteado este convenio desde los derechos para todos, sin embargo, ha impulsado desde cada uno de los temas en el Congreso de la Unión, proyectos con perspectiva de género: “En el mundo del trabajo está habiendo una revolución, una revolución del tipo de empleos, una revolución de los derechos que hoy necesitan las trabajadoras, los trabajadores y sus familias”, por lo que “hemos votado en los últimos meses distintas reformas legislativas que hablan de esta gran revolución de los derechos laborales”.

Patricia Mercado retomó el tema este viernes:

“La Reforma Laboral se publicó para garantizar los derechos de las trabajadoras del hogar, la legalización de este trabajo, pero firmar el Convenio 189 planteó que siempre quedan temas pendientes, como la edad mínima para iniciar con el trabajo son 15 años, son adolescentes, la Organización Internacional del Trabajo se mete a que los instrumentos del 189 van al punto del trabajo infantil, trabajo forzoso, cuidar a los más jóvenes de violencia y acoso en el trabajo doméstico, entonces algunos plantean que incluso es trata laboral que una niña viva en el domicilio en el que trabaja, puede ser incluso trabajo forzoso, [los menores] pueden trabajar, pero tienen que salir y regresar, cómo garantizar que estudien la secundaria, eso no está en la ley, no está en la reforma, entonces, el convenio obliga a atender eso, que deben tener un hogar donde regresar en la tarde, ahí hay un tema para trabajar arduamente”.

Sobre el pendiente que queda en el tema de Seguridad Social, Patricia Mercado comentó que la seguridad social para los y las trabajadoras del hogar quedó en un transitorio en la Ley del Trabajo, “se tiene que cambiar la Ley de Seguridad Social para que puedan tener todos los derechos, en este momento se está haciendo una prueba piloto (en la Ciudad de México), el convenio nos ayuda para que eso no se quede en el camino, ya encontraremos cómo meterlo, en el transitorio, una ley, hay un compromiso”.
Estableció que existe un fuerte simbolismo al haber votado este tema junto el Tratado de Libre Comercio, al hablar de movilidad y migración, organización sindical y derechos de una minoría que no está siendo representada: “Fue interesante haberlo votado junto con el Tratado de Libre Comercio, el adendum, porque el adendum es laboral, tiene que ver con la libertad sindical, la organización y contratación colectiva, la sindicalización, y el mayor clausulado del 189 tiene que ver con que los estados deben de promover la organización sindical de los y las trabajadoras del hogar. El adendum es cuidar eso, aquí no está muy clara las agencias de colocación de trabajadoras del hogar, todo tiene que ver con el 189. Decían que ya no tenía caso firmar el convenio, pero no, hay cosas que no están. En EU y Canadá no tienen ratificado el Convenio 189 y también habla de las trabajadoras del hogar migrantes, de garantizar sus derechos, eso va a ser muy importante porque la tasa de fecundidad en EU y Canadá está por debajo de los 2 hijos por mujer, o sea que más o menos hablamos de una sociedad que se reproduce bien, pero al parecer, la tasa de fecundidad va a ser más baja que eso, eso significa que los próximos años van a necesitar trabajos de cuidado, no hay reemplazo para ellos, van a necesitar en los próximos 10 y 15 años. Haber formado el convenio nos permite impulsar esto, aunque en 6 años se revise, que firmen también el convenio, porque esta movilidad laboral que van a tener las personas, sobre todo mujeres, en el marco del 189, México le va a poder a decir a EU y Canadá: ‘firma y vamos a respetar estos derechos de los trabajadores y trabajadoras del hogar migrantes, podemos hacer un programa de movilidad interesante, comprométete porque nosotros ya lo hicimos’; tenemos autoridad moral para decirles esto.
“Fue simbólico que el tratado de 900 mil millones de dólares que firmamos al mismo tiempo que firmamos por los derechos de uno de los sectores de la población de trabajadores más pobres, cada vez puede ser más fuerte. Va a ver una oportunidad para estas trabajadoras y trabajadores que implica que como país tenga una capacitación porque ‘naciste mujer y ya te toca ir a cuidar niños’, no, ya hay una capacitación laboral, Centros de Capacitación para el trabajo que hablen en general de los cuidados. Hay una Ley de Sistemas de Cuidados, una que apenas se va a votar, al sistema le cuesta mucho dinero, los estados deben estar dispuestos a pagar por los cuidados entre las empresas, también le tiene que entrar con horarios flexibles para hombres y mujeres, home office, uno o dos días de trabajar desde sus casas”.
Otra de las discusiones que Patricia Mercado ha mantenido en el Senado es sobre los permisos de paternidad: “Que no sean 5 días, que sean 15 cuando nace el hijo, la Organización Mundial de la Salud lo que recomienda es que el primer año tenga un cuidador primario, la mujer puede serlo, pero eso no significa que sea el centro de cuidado. Nosotros mandamos a los hijos a los centros de cuidado, guardería, estancia, lo que sea, a los 45 días para volver al trabajo, entonces, el términos de salud mental y física el cuidado primario es importante, entonces podría ser 6 meses hombres y 6 meses mujeres, pero no, es muy caro para las empresas trabajar con goce de sueldo, pero podemos pensarlo, hay una discusión en permiso maternos y paternos, hacerlos más largos en un inicio.
Reconoció que este tema se ha abordado desde diferentes instancias, como en el caso de la Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación: “A partir del 17 de noviembre surtió efectos una resolución de Conapred, que es vinculatoria, sobre que el Seguro Social tiene que darle guardería a los hijos de los hombres trabajadores, el Seguro Social tiene un déficit, hay mujeres que piden un lugar que no lo tienen, pero lo que vemos es una cuestión de igualdad, vamos a suponer que el hombre trabajador tiene una mujer que le cuida a sus hijos; a la mujer le damos guardería porque en teoría no tiene a nadie que le cuide a sus hijos, esto es una cuestión de discriminación, y esta cuestión está siendo interesante, también va a obligar al Seguro Social a crear más guarderías, e implica reestructurar la forma en que vemos a las familias, por eso tenemos que hablar de la jornada de trabajo de 8 horas, esa la ganamos hace 100 años, eso ya no nos sirve, las familias eran distintas, ahora hay otras realidades, ahora con estas nuevas tecnologías podemos hacer administración de tiempo, la OIT le llama autonomía del tiempo, todo cuenta, desde que los espacios públicos tienen que ser atractivos, salir de tu casa y que sean seguros, que tengas toda la tecnología, ya no es la casa de cada quién, en la calle de todos, el nuevo tipo de trabajo, que no sea sólo estar en la casa, salir a la calle, en un parque, ves a la gente, las ciudades tienen que ser amables, igual que en el trabajo, todo está relacionado con la seguridad, con la movilidad”.
La senadora Patricia Mercado habló también sobre el reconocimiento del derecho a la movilidad que se acaba de aprobar en el Senado, con una serie de reformas a la Constitución. Ahora, el Congreso de la Unión debe elaborar en un periodo de 180 días una Ley General en materia de movilidad y seguridad vial. El dictamen dice que: “Toda persona tiene derecho a la movilidad en condiciones de seguridad vial, accesibilidad, eficiencia, sostenibilidad, calidad, inclusión e igualdad”. También se le dieron facultades a los municipios para elaborar planes sobre estos temas:

“En el Senado acabamos de votar el derecho a la movilidad y seguridad vial, entonces, hicimos modificaciones a la Constitución, ahora viene las leyes sobre movilidad. Estas leyes coordinan competencias, los municipios tienen las suyas, que son el tránsito, los estados las de las licencias, el tema es cómo construyes un piso básico, un piso común, la señalética tiene que ser igual en todo el país, velocidad, alcoholímia, los niños, las armadoras, vender autos seguros, hacer un piso común y con la pirámide de movilidad ver que la prioridad es el peatón, la bicicleta, transporte público, al final el automóvil, la inversión, tiene que ser 70% basada en esta pirámide y 30% la infraestructura para automóvil. Por eso decía que tiene que ver con las ciudades, que invite a caminar y a pasear, por estar en el trabajo la gente se pierde de esto, son nuevos derechos que tienen que plantear”.

@negramagallanes