miércoles, 27 de marzo de 2019

#METOO Y EL CAJÓN DE SASTRE












Un #MeToo mexicano surgió en Twitter para señalar públicamente a los hombres que han realizado hostigamiento y agresión sexual contra mujeres. Surgió de una comunidad, como otras en el mundo, que ve en esta acción la oportunidad de seguir visibilizando la violencia estructural patriarcal que vivimos a diario en todos lados. Surgió como una denuncia, como una catarsis.

El tema es tan amplio que me parece reduccionista continuar enfocándolo en que las mujeres somos las recibidoras oficiales de las múltiples violencias, para mí es necesario observar de a poco, al menos, algunas otras de las aristas de esta cara.

No me interesa hablar de ellos y sus masculinidades. Mucho menos de si son o no culpables. En esta cara, la arista de mi atención está en nosotras. Tampoco voy a caer en el juego de si las mujeres mentimos o no.

Tengo otros apuntes.

Respeto mucho a todas aquellas que se atrevieron a señalar directamente a quien las violentó de alguna forma. Hasta la fecha, yo no he podido hablar en público de mis agresores. Quién sabe si algún día lo pueda hacer. Por eso mismo respeto y admiro su valentía. Una víctima de agresión calla por miedo, por vergüenza, por sentirse culpable, por múltiples razones, y tiene el derecho de reservarse su acusación social y denuncia legal, sin que se atrevan a poner en entredicho su acusación.



A mí me interesa señalar en este momento el contexto y la percepción general que tenemos de nosotras mismas y de lo que padecemos. Me sorprende la facilidad con que han puesto TODO en el mismo cajón de sastre. Sin despreciar ninguna de las violencias, no es lo mismo el acoso de género al asalto sexual. Nunca. No voy a colocar en el mismo lugar el dolor de una mujer que ha sido violentada de una manera brutal en su corporalidad y psique a otra que también padeció, pero de manera muy distinta, por recibir menosprecio a su talento o por ser acosada con insinuaciones sexuales. No podemos igualar el machismo que recibimos en comentarios soeces o agresivos con una violación. No es justo para las mujeres y las niñas que llevan una violación a cuestas. Hay múltiples violencias y todavía pocas maneras de enfrentarlas. Nunca serán las mismas.

Otro: es cierto, la inmensa mayoría de los agresores gozan de inmunidad por parte del sistema patriarcal, judicial o no, son exculpados porque “así son los hombres”, porque “nosotras tenemos la culpa”, porque “no hay suficiente evidencia”, porque “ellos son buenos con sus hijas”, pero eso no debería colocarnos en una posición de víctima eterna, incluso antes de que nos ocurra algo, eso es perpetuar lo que el patriarcado quiere para someternos. Nos quiere débiles, discriminadas, vulneradas, que dudemos de nosotras mismas, de nuestro potencial, una mujer víctima fortalece los estereotipos de género, no podemos pensar por nosotras mismas, somos inestables, a merced de la protección del “más fuerte”, en este caso, del Estado. Pero como nosotras ya entendimos que el Estado nos nos ofrece las garantías necesarias ni en las leyes punitivas ni en las acciones preventivas, entonces decidimos poner el cuerpo y tejer redes de apoyo entre mujeres, como en este caso para señalar al agresor.



Sin embargo, si de poner el cuerpo se trata hay que politizarlo: ¿de veras hay conexión entre el discurso y la acción?, ¿en cuántos casos aquellas que dicen no estás sola, después del señalamiento y el escarnio público, de las amenazas del agresor, apoyarán con los gastos necesarios cuando estas mujeres sean injustamente despedidas?, ¿cuántas encontrarán otra casa, sustento, otro trabajo en los linderos de las garantías individuales?, ¿cómo van a poner el cuerpo por las otras, no únicamente de sus amigas?, ¿cómo las ayudarán en los hechos más allá de cientos de retuits?, ¿dónde se queda la promesa del apoyo? Y como somos muy dados a malentender, léase: esto no tiene nada que ver con que se callen, que no denuncien, mi señalamiento es que la comunidad romantiza estas acciones de apoyo, de sororidad, todo el feminismo de hecho, a tal grado que se desvanecen en un tuit, en un post que es muy fácil escribir pero que no se refleja en la realidad, en el contragolpe, en las consecuencias.

Un apunte más: el escrache, en mi definición, es una acción punitiva para estigmatizar socialmente a quienes han cometido abusos, y como tal no sirve como estrategia eficaz para acercarse ni a la justicia social (un rato mentaremos madres contra los señalados y ya) ni a la legal; el escrache sólo revictimiza, pone a las mujeres en el escrutinio de estúpidos [¿y si ella lo provocó?, pero ve cómo se viste]; fomenta el morbo; obliga a tomar posturas y polariza, habrá quien defienda al agresor porque es su hermano o conocido, habrá quien defienda a la víctima solo porque es su hermana o conocida; y sí, ante esto, para mí el anonimato no abona a establecer a conciencia el problema en la sociedad, desgasta el objetivo inicial, y aunque sé que uno de las planteamientos es que si no hay acceso a la justicia, entonces que al menos haya venganza, pero eso no lo comparto, porque en primera también romantizamos la manifestación y la protesta como si de verdaderos actores sociales se conformara, cuando todos regresamos a nuestras vidas al finalizar el día, sin resultados, sin otra perspectiva que la individual: ya denuncie, ya señalé, ya maté a mi violador, vayámonos a nuestra isla, sin ellos, los verdugos, aunque el sistema patriarcal continúe; y segunda, que no tengamos mecanismos adecuados para acceder a la justicia por parte del Estado es otro de nuestros pendientes, ese Estado machista que se lava las manos y nos deja solas, mientras nosotras hacemos ajustes de cuentas. Acompañar el derecho al reclamo, a la manifestación, también va con las exigencias a los tribunales, a las instituciones, a la presentación de resultados. Y si es que acaso el escrache les da miedo a los vatos, ¿cuánto tiempo les durará?

A fin de cuentas estoy convencida de que no se trata de calificar quién sí y quién no denuncia o cómo lo hace, esto es mucho más grande que todo eso junto, neta creo que no alcanzamos a ver todos las aristas, todos los aspectos. En mi paso por la universidad y trabajos y relaciones personales y de amistad, tengo una lista interminable de nombres de varones que trataron de seducir, que acosaron, que tocaron lascivamente, que agredieron sexualmente a amigas y conocidas, a mí misma. No las he visto levantar la mano como tampoco yo lo he hecho. Es tan complicado el mecanismo de denuncia, que puedo asegurar que todas conocemos a una mujer que no ha levantado la voz porque este #MeToo no le va a funcionar para su propio cauce ni cura. Lo que sí he visto hoy, en estos días, es a otras mujeres publicar contra otras mujeres: Por qué denuncia si ella es bien agresiva. Porque eso es lo que se nos olvida: la condición de humanos es de todas y de todos. Sí sé cuántas al día son asesinadas, que no se confunda, sí entiendo la violencia en contra de nosotras en sus manos fuertes y varoniles, sí entiendo que nadie cree en nuestras denuncias, esos son otros puntos. Lo que no voy a dejar de señalar el esencialismo en el que hemos caído. La idea de la mujer buena solo por el hecho de ser mujer ya nadie se la cree, pero la seguimos reproduciendo. Difunden que las mujeres somos el género oprimido, vulnerado y dominado solo por ser mujeres, algo esencialista porque no cuestiona la naturaleza del ser, porque nos otorga cualidades fijas, víctimas siempre, inocentes, de la misma manera como lo hace el otro bando, el patriarcado: las mujeres tenemos cualidades fijas, débiles, dadas a la protección, buenas e inocentes, por eso quien no cumpla con esta “esencia” es una puta arrabalera, por eso todas debemos ser madres. No queremos ver que las mujeres también hemos encontrado en la reproducción de las formas patriarcales una estrategia para dañar a otros y a otras, para salir de ese estado de opresión y sumisión. Todo esto sin considerar que a lo largo de mi vida me he topado con señalamientos absurdos y violentos de otras mujeres hacia mí. No voy a decir que yo nunca lo he hecho, no tengo ni la superioridad moral ni la verdad absoluta ni me rasgo las vestiduras. He padecido acoso de mujeres que gozan de prestigio y que lo usan para desacreditarme sin importar las mentiras que se inventan y que terminan creyéndose. Mujeres con sus amigas que no les importó el daño que me causaban con sus aseveraciones malintencionadas e insinuaciones indirectas. ¿Las debo de nombrar?, ¿las escracheo también?, ¿de forma anónima? ¿Ven por qué no todo cabe en el mismo cajón?

Cada una de todas estas situaciones tiene un contexto, unos actores y una sociedad machista y misógina que está detrás, que no ha querido revisarse y cuestionarse y que dudo que lo haga desde la crítica, esa que no se acepta cuando todo es estás conmigo o contra mí.


Dicen que ni perdón ni olvido, pero dudo mucho que este #MeToo perdure, que abone más que al chisme de grupillos laborales, literarios y académicos, dudo que conforme y sane a las víctimas de acoso y violencia sexual sin otras herramientas. Me duele ver que son ellas las primeras invisibilizadas porque se han banalizado las denuncias: “dicen que fulano hizo tal”, “ese es un acosador, bien que sabe agredir”, ¿qué clase de denuncias son estas?; ellas, que con toda la necesidad de gritar cómo han sido vulneradas, con el temblor en su cuerpo al levantar por primera vez la voz, su declaración se ahogó en un mar de generalizaciones, en un cajón de sastre donde cabe todo.

Coda: Vatos, este texto no es por ni para ustedes, absténganse.





@negramagallanes

viernes, 2 de noviembre de 2018

POLVO DEL PASADO





él retorna, perdido, a su fatal deseo

Kavafis




En este país hemos matado hasta a nuestra conciencia, decía Juan Pablo entre risas.

En ese entonces yo trabajaba en una tienda de ropa para “caballeros” y él estudiaba Letras Clásicas. Una tarde se acercó a mí intrigado por el libro que sostenía en las manos y de ahí en adelante nos quisimos. Por temporadas. Lo nuestro, lo que fuera, iba y venía entre su retorno a clases al otrora DF y mi vivir, aquí, en provincia. Cada que regresaba lo hacía lleno de ideas y de mil temas para contar, la ciudad de los palacios, las clases, los amigos, los museos, los nuevos libros descubiertos, y siempre con una edición en español de los Poemas eróticos de Konstandinos Kavafis en la mochila. Algún día lo leeré en griego demótico, decía presuntuoso. Mientras, yo aquí estaba, con inventarios de camisas y corbatas, horarios fijos y un día a la semana de descanso.

Juan Pablo hablaba mucho de la muerte. Prehispánica, griega, latina, colectiva, individual. Eres un suicida decimonónico, le decía yo mientras rodeaba con mis brazos su cuello para darle un beso y jugar a que le anudaba una corbata imaginaria, como a mis clientes en la tienda. Pasábamos sus vacaciones y mis salidas a comer tirados en el pasto leyendo, hablando, besando, fumando mucho. La próxima vez que venga ahora sí ya habré dejado de fumar, y daba una calada; desafío a la muerte, pero le tengo miedo.



Nosotros no podemos morir de enfisema pulmonar, atropellados bajo las llantas de un urbano, ahogados en una presa, mejor como el caguamo, decía en cada oportunidad en donde la vida nos tenía muertos, pero de risa, sin poder contener las lágrimas y los espasmos. Esto sí es vida. Amaba a Juan Pablo y mi estar con él. La primera vez que regresó a clases, que se fue, sentí el duelo. Primero quería correr a sus brazos y después lo odié por dejarme aquí. Sería mejor si estuvieras muerto, le grité por teléfono. No soportaba su ausencia. Saberlo feliz en otra ciudad, estudioso, vivo, me hacía desesperar. Lo cierto es que lo envidiaba. Yo solo podía leer rumbo al trabajo o robándole el sueño a mis noches; en ese momento, no podía matricularme en ninguna escuela y mucho menos irme.

Una tarde, bajé del camión con mis ojos ridículamente clavados en un libro, dispuesta a terminar el capítulo. Caminaba lento y sorteaba a la gente, más de lo habitual, hasta que me di cuenta que una luz de sirena iluminaba la calle. Una bolsa con el mandado estaba junto a la sábana que cubría el cuerpo atropellado de una mujer mayor. El libro se me resbaló de las manos y sin que me importara corrí hasta llegar al trabajo. Marqué la lada para solo atinar a decir después de escuchar su voz perdóname, aquí te espero, no quiero que te mueras, tengo envidia, es eso, envidia de que tú estás allá y yo aquí, inmóvil, sin ti, nada más eso, yo te extraño.


Juan Pablo regresó en verano y luego en invierno; en un nuevo diciembre me regaló un ejemplar de los Poemas eróticos. Encerró con muchos trazos de tinta roja este poema y escribió a un lado de polvo del pasado, “polvo enamorado”, de Quevedo:




Recuerda cuerpo


Recuerda cuerpo no solo cuánto fuiste amado,

no sólo en que lechos estuviste,

sino también aquellos deseos

que brillaban en los ojos

y temblaban en la voz

y que hizo vanos

algún obstáculo del destino.

Hoy, que son polvo del pasado,

parece como si los hubieses satisfecho.

-Cómo ardían, recuerda, en los ojos que te contemplaban,

cómo temblaban por ti en la voz, recuerda cuerpo-.



Ese fin año en especial, entre la risa y el amor, habló más que nunca de la muerte, no somos propietarios ni de la nuestra, Tania, ni dios lo es porque no existe, tal vez la posee el Estado, te envía a la guerra o bajo sus mismas trampas te va matando de a poco en vida. Nada nos augura una buena muerte, pero nos malogran el bien morir. No hay consuelo llevadero. Solo hablamos de nuestros muertos, los recordamos y ellos ni lo saben, ni les importa ya. En este país que tanto se venera a la muerte, nadie atiende ni los asesinatos del narco ni los del IMSS, somos como moscas que mueren a los dos días, efímeras, siempre habrá más que coman de la mierda en el suelo. Esperamos la nota roja donde igual somos los protagonistas, de un bando o del otro, asesinos o asesinados. Y seremos relevados con otra noticia, más nueva, más brutal, y pocos clamarán justicia y nadie los va a escuchar. Ya nos acostumbramos a la peste.


Era enero del 2003. Juan Pablo esperó hasta el último día de su estancia para decirme que había obtenido una beca para la maestría por dos años en Italia. Se fue y yo lo volví a odiar.

No supe nada de él en todo un año hasta que me animé a llamar a casa de su madre. No me ha llamado en todo el mes, dijo. Que no se sentía feliz, que la gente lo abrumaba, que la desesperación. Yo que lo envidiaba porque estaba en otro país, en otra ciudad de los palacios, lleno de clases, con amigos, museos, nuevos libros descubiertos, y él no se sentía feliz. Después supe que regresó a México y que estaba bien. No volvió a buscarme y tampoco yo hice el intento. La querencia se me murió y pasé del duelo a la parsimonia de los días, los años y nuevos amores.

En mi primer día de clases en la universidad pensé en él. Para 2009 ya se había asentado la infame guerra contra el narco y la violencia se exacerbaba. Juan Pablo y la muerte. Qué pensará. ¿Cargará todavía el libro de Kavafis en la mochila? El mío me lo robaron en Maruata.

Hace unos años, tres, tal vez, me encontré al único amigo en común que teníamos. Después del saludo efusivo y los enunciados de cajón hace tanto sin verte, cómo has estado, qué bien te ves, no pude evitar preguntar por Juan Pablo. ¿No supiste?, se murió hace dos años. Yo pensé que no habías querido ir al velorio. Regresó de Italia mal, se fue al DF y se perdió mucho tiempo. Ya sabes, que si la muerte, la violencia, el desamor, que detestaba a la humanidad, que no había motivo para reír, no dejaba de fumar.

Tenías razón, suicida decimonónico, en este país hemos matado hasta a nuestra conciencia. ¿Supiste de las fosas? ¿Qué dijiste de los feminicidios, de las muertes por el narcotráfico? ¿Aprendiste demótico? Ya no te tocó saber de los cuerpos que apilaron en tráilers y que pusieron a circular por las calles de tu Guanatos, ni viste que hay un mal nombrado monstruo de Ecatepec, de donde me contaste de unas fiestas con aguas locas. Qué bueno que no te enteraste de nuestro odio por la caravana migrante. Yo te recordé otra vez hace unos días y hablé de ti. Aunque ya no lo sepas, aunque ya no te importe. Porque estás muerto. Polvo del pasado. Polvo enamorado. Ya no hago inventarios de corbatas, todavía tengo horarios fijos y un día a la semana de descanso. Pero ya no envidio, yo sigo viva.





@negramagallanes

viernes, 19 de octubre de 2018

MANTENLO PRENDIDO





La banda colombiana Bomba Estéreo se presentó en Aguascalientes el miércoles, como parte del programa del Festival Cultural de la ciudad.
13:50 HORAS

Llegamos a la plaza húmeda -un día antes una lluvia torrencial inundó la ciudad- y ahí supimos que Li Saumet aún no había llegado a Aguascalientes, bu, dijimos, y que no podríamos entrevistarla antes o después del concierto. No solo es nuestro gusto por la estética femenina, Li es la voz del grupo en el escenario y bajo de él. Qué pena. Pero Simón Mejía accedió a platicar un poco con nosotros después de la prueba de sonido que no reprodujo fragmentos de canciones, unas notas, tal vez, que identificamos por segundos, y que sin embargo nos hicieron mover los pies.


21:07 HORAS



Comenzó el concierto. La plaza de Aguascalientes no lucía ni a la mitad de llena. Una negra hermosa baila champeta con maestría. Yo no escucho. La veo, hipnotizada. Baila. Baila, porque de eso se trata Bomba Estéreo, eso nos los dijo Simón Mejía:

Tania Magallanes (TM): Ya no son los mismos de su primer disco, Vol. I.



Simón Mejía (SM): La música es un arte vivo, quizá el arte más vivo, toda la música está ligada con la vida, es energía, y va evolucionando como evoluciona la vida de uno como persona. Nosotros hace 12, 13 años que arrancamos no éramos los mismos que somos soy, mantenemos la misma esencia, pero vamos cambiando de color, nuestra música es como la paleta de color, más que la esencia y la raíz, música del caribe colombiano, tropical, folclórica mezclada con música electrónica, y lo que pasó con esa raíz es que creció y ha ido apuntando a distintos lugares, pero se mantiene lo mismo. No somos una banda de rock, de jazz, sigue siendo la banda música electrónica tropical, pero que ha encontrado diferentes paletas a través de sus discos.

TM: Pero con el matiz de que empezaron muy independientes y ahora están en los mejores festivales…

SM: Afortunadamente, estamos muy agradecidos de hacer una carrera que gira alrededor de tocar en vivo, ese es el fuerte de Bomba Estéreo y me gusta mucho porque hoy en día, y siempre, la música en vivo es la expresión más fuerte de la música en sí, porque está a lado de la industrial, que se traduce a las redes y a las plataformas digitales, pero eso hace parte de la industrial, la radio, que es virtual, todo hace la experiencia indirecta, en cambio la música en vivo es toda la experiencia con el artista y uno con el público donde se genera un intercambio de energía tan lindo entre la música y la gente, donde el concierto se vuelve más que es el espacio en la tarima, más que el centro, la gente te está dando algo y tú a ella, en el centro se genera una bola de energía.

TM: Comenzaron con esas ganas de hacer música, de crear por crear, ahora están por otro Grammy, ¿cómo ha afectado esto creativamente?

SM: Yo sí creo que el proceso creativo en el arte tiene que ser lo más puro posible, cuando estás creando no puedes estar pensando nada más en eso, porque sino pierde su mística. Los espacios de creación deben ser íntimos, solitarios, donde estás contigo mismo, no estás pensando en los Grammys ni nada. Ya llega un punto en que la creación te lleva por encima tuyo, es la misma música que está hablando y haciéndose sola, esa es la magia.

TM: Sus letras han mantenido contenido social, de equidad…

SM: Lo veo muy del lado femenino, Bomba Estéreo es mitad hombre, mitad mujer, ese balance de energías, la mujer lleva las riendas de las líricas, de las palabras, eso tiene un peso muy fuerte, las mujeres tienen muchas cosas por decir, eso está cambiando, Bomba es un ejemplo de eso, está como esa posición social y espiritual de encontrarse consigo mismo y valorarse con lo que uno es, independientemente de que seas hombre o mujer, negro, blanco, gay, heterosexual, si tú te aceptas estarás más tranquilo en el mundo.

TM: En México Soy yo se volvió un himno feminista.

SM: Lo que tratamos de hacer con Soy yo, Amar así, fue como abrir esas barreras y dejar de hablar de hombres y mujeres, finalmente somos iguales, somos seres humanos que habitamos la Tierra, en la medida en que abramos el caparazón y logremos aceptarnos como hermanos, como una gran comunidad, seguro las cosas eran mejores, y habrá menos segregación y racismo y violencia, debemos ir aceptando al prójimo en su diferencia.

TM: En ese prototipo de canciones, con la que la gente los identifica que a veces ni siquiera representa al grupo en toda su riqueza, ¿cuál sería tu prototipo al pensar en Bomba Estéreo?

SM: “Elegancia Tropical” fue un disco muy especial, nosotros encontramos nuestra identidad en el sonido, experimentamos mucho, fue muy difícil de hacer, fue como un parto difícil, pero ya cuando ¡fu!, salió, fue como ah, ya por fin salió y pudimos ver al bebé a la cara y todo los estragos que causó. De ahí para adelante todo fue un proceso muy lindo. Yo creo que es normal que nos identifiquen con una sola rola, lo que pasa con la música es que identifica ciertos momentos de tu vida, es normal, cuando voy a un concierto de los Rolling Stones yo voy a querer escuchar Satisfaction, o de los Gun’s and Roses, pues Welcome to the jungle porque marcaron mi vida, y si uno se para del otro lado uno lo entiende, finalmente es la misma canción, pero no siempre la energía del público es distinta, tú no sabes como va a reaccionar la gente, eso siempre es nuevo.

TM: Han llegado hasta lugares remotos con públicos muy fríos…

SM: Nos ha tocado a veces que la curva del baile es más demorada, pero siempre la gente termina bailando porque somos música para bailar, y la gente se contagia.

TM: Cómo ha influenciado el espíritu de la gente de esos lugares, siempre hay algo que dice la gente, no siempre se comparte ideología, hay prejuicios…

SM: Siempre tratamos de hacer que conecte a través del baile, ahora se relaciona con las fiestas, las discotecas, pero el baile es un ritual del ser humano desde siglos que el humano lo utilizaba como una puerta para conectarse a cuestiones más místicas, más divinas, no digo que nosotros lleguemos a eso, jalá lo lográramos, pero sí creemos que se puede conectar más profundo y por eso Bomba siempre es música bailable, siempre, pero en las letras van otros contenidos, en conciertos tú ves que hay una curva donde se entra a un valle y, bueno, de ahí en adelante es decisión de la gente, no podemos dictaminarles que hagan algo, nosotros abrimos una puerta para que a través del baile la gente conecte con cuestiones más espirituales.



TM: ¿Ha cambiado el discurso de la gente?

SM: Yo creo que ha cambiado porque la gente también va creciendo, nuestro pública ha crecido con nosotros, y pienso que tendrá pensamientos similares porque somos de la misma generación, ya sabemos lo que sucede en el mundo, con las mujeres, con la política, con el medio ambiente, espero que la gente esté conectada.

TM: ¿Y dónde ves a Bomba Estéreo en el corto o en el largo plazo?

SM: En el largo yo lo veo como una plataforma para generar cambios cruciales, como obviamente para hacer música, ahora muy fuertemente en Colombia para lograr cambios aunque sean mínimos en nuestro país, ya no voy a decir el mundo, si no cambia una pequeña parte, su país, si logra mejorar algo ya me siento que cumplí mi labor en el mundo.

TM: En Colombia hay una política cultural muy fuerte para generar públicos para la pacificación, ¿ahí están?



SM: Sí, eso está pero falta mucho más, nosotros apenas estamos saliendo de una guerra, entonces el país apenas se está acomodando a vivir en paz, en paz, porque todavía hay muchos conflictos, todavía hay narco, todavía hay una guerrilla que se sigue movilizando, entonces en esa transición en donde la música y el arte son los espacios donde tienen que generar cambios todavía no pasa, pero no tarda.
21:07 HORAS

Comenzó el concierto. La plaza de Aguascalientes no lucía ni a la mitad de llena. Una negra hermosa baila champeta con maestría. Yo no escucho. La veo, hipnotizada. Baila. Baila. La multimedia en tonos rosas, salamandras, víboras, peces. El grupo colombiano viene con gira Jungla Tour. Bomba Estéreo son Simón Mejía, Li Saumet, Francisco Pacho, Andrés Zea y Julián Salazar y nos hicieron bailar, nos conectaron. El vestido y el tocado de Li, como las luces, como el sonido, como el ánimo de la gente, es rosa también. Íntimo, espiritual, con flow, suave, lounge. Una hora y media exacta de concierto. Palacio de Gobierno también se tiñe de rosa. Suave. Tiene razón Simón, la Bomba Estéreo es bailar y llega el momento en que todo explota con la Cumbia Psicodélica, Fiesta y Fuego. Ya estamos conectados. “Siempre la gente termina bailando porque somos música para bailar, y la gente se contagia”. Contagiados. Con el inicio del concierto también comenzó el olor a mota. Un chico ha fumado tanto que no puede encender su hitter de nuevo, se escucha de fondo mantenlo prendido, fuego, y no lo dejes apagá. Un amigo lo ayuda, lo prende, se lo pone en la boca, se los rola a todos mientras bailan, en comunión, “en intercambio de energía tan lindo entre la música y la gente”. Encore. Bajamos avión con El alma y el cuerpo. Suave. Hora y media el concierto. Mantenlo prendido, prendidos. Así nos quedamos. Hora y media el concierto. Prendidos.





@negramagallanes